Editorial & Opinion

Al oído del Señor Presidente

Jaime Ramírez Ortega / Consultor legal y de negocios

miércoles 12, agosto 2020 - 12:00 am

Estimado Señor Presidente Nayib Armando Bukele Ortez, después de escucharlo el día 9 de agosto en cadena nacional, me gustaría darle un par de sugerencias con el debido respeto que usted se merece en base a la honorable investidura que hoy ostenta, es posible que estas sugerencias no las encuentre en el seno del círculo más íntimo de personas que le rodean, aunque no dudo que usted cuenta con un equipo de personas altamente preparadas en lo técnico y en lo académico, sin embargo, en ese mismo círculo también le sobrarán parientes, amigos y amigas que le adulen en todo.

Aunque usted esté equivocado le continuarán celebrando lo que diga en una cadena nacional o lo que escriba en sus redes sociales, como es costumbre de ciertas personas que se han colado a través de los diferentes gobiernos y se han enquistado como parásitos y con tal de tener un salario y emolumentos seguros, cerrarán los ojos ante las arbitrariedades, abusos y actos de corrupción que estén cometiendo, por esa razón será difícil que le den un consejo oportuno. Por otro parte, puede existir la posibilidad que también usted no desee escuchar el consejo, porque pensará que están en su contra.

Ante este escenario le aclaro, que no todos los ciudadanos que le señalamos la falta de transparencia o la ausencia de rendición de cuentas, debido a los múltiples casos de corrupción que han comenzado a surgir en su administración y que usted no ha querido denunciar, tenemos una agenda política con el malévolo exprofeso plan de criticar todo lo que usted hace u oponernos arbitrariamente para que su gobierno fracase.

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En mi caso le manifiesto que no cuento con agendas ocultas, ni tampoco estoy compitiendo como candidato a ningún puesto de elección popular.

Dicho lo anterior, estimado presidente Bukele, deberé entender que las causas que usted alega hoy con respecto a la contención de la pandemia son legítimas, por ello,  está molesto con la resolución de la Sala de lo Constitucional, en la que le declara la inconstitucionalidad del Decreto Ejecutivo # 32,  dado que en su entender desbarata la idea de fortalecer el sistema de salud y los insumos que se requieren, así mismo le eliminan las herramientas jurídicas para mantener la economía cerrada en su segunda fase y todo lo que ello incluye que es limitar el transporte público y la circulación de los salvadoreños.


Partiré que es cierto en su totalidad, todo lo que usted ha venido pidiendo y que los recursos asignados se han usado en un 100% para la contención de la pandemia.  Aun así, estimado Presidente, el ordenamiento jurídico de El salvador, está jerarquizado, para limitar los abusos de los funcionarios públicos, que dicho sea de paso es la estrategia que usted utilizó en la campaña previo a ganar la presidencia “el dinero alcanza cuando nadie roba” de modo que la Constitución es la norma primaria y sobre ella se despliega el resto de normas que deberán estar supeditada al imperio de ella.

Y como usted bien lo señala, el Código de Salud (Art 139) los faculta para colocar cercos sanitarios o la instauración de una cuarentena,  del mismo modo la Ley de Protección Civil (Art 24) habilita al Ejecutivo para establecer un Estado de Emergencia, sin embargo, para que estas dos figuras jurídicas se apliquen en todo el territorio, debe crearse el decreto en el cual se explique la exigencia ética positivada y la temporalidad del mismo, que deberá ser aprobado por la Asamblea Legislativa, dado que el Ejecutivo no tiene facultades para suspender derechos fundamentales.

En consecuencia, se solicita un Régimen de Excepción, previsto en el Artículo 29 de la Constitución, y creo que por ahí se encuentra la confusión, porque en ninguna parte del Código de Salud, faculta al Ejecutivo a la suspensión de derechos fundamentales. Hay decisiones que son justas estimado presidente, pero no son legales, por ejemplo, el caso de una persona que decide tomar la justicia por su mano, cuando le han robado o asesinado a un ser querido, el acto puede ser justo, pero no es legal, de lo contrario, no tendría sentido, la policía, los jueces y los tribunales. Así que no irrespete el proceso y someta sus decisiones al imperio de la Constitución.





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