Editorial & Opinion

Bajo la apariencia de institucionalidad democrática

Aldo Álvarez / Abogado y directivo del CD

viernes 11, septiembre 2020 - 12:00 am

Una de los valores que siempre han iluminado mi vida política y académica es el valor de la democracia, eso está más allá de cualquier duda. Por dicha razón siempre me he considerado un demócrata radical -con todo y que lo radical no siempre es bien recibido por los demócratas-, pero lo digo en el sentido que de manera alguna estaría nunca dispuesto a apoyar ni defender absolutamente nada, ningún esquema político que no tuviera como base y principio el de la democracia. La democracia no es sólo un medio, ni un fin para lograr determinados resultados o consecuencias, es ambas cosas a la vez: Un medio y un fin en sí mismo, de tal suerte que no pueden justificarse medios no democráticos o antidemocráticos para lograr un fin “democrático” y viceversa, no pueden justificarse fines democráticos ara utilizar un medio no democrático o antidemocrático. Mi radicalidad democrática podría bien resumirse en la siguiente frase: “Todo dentro de la democracia, nada fuera de ella”

Así las cosas, uno de los sistemas políticos que suele ser más proclive al funcionamiento y despliegue de la democracia, es precisamente el sistema político republicano -el Estado república, la cosa pública-, y en él, la distribución orgánica del poder en entidades que comparten y ejercen elpoder en determinadas áreas o aspectos, pero que dentro de esa actividad se coordinan, se complementan y se controlan entre sí, de tal manera que el Estado como tal pueda lograr el cumplimiento de sus fines últimos, ue en su esencia tienen que ver con la satisfacción de las necesidades básicas y el respeto a los derechos fundamentales de la persona humana. Este ejercicio y distribución del poder considero que se debe de ajustar a la concepción que tuvieron los modernos a partir de las tesis de los ilustrados como Montesquiaeu, Ducaroy, Rosseau, Locke y Hobbes, en el sentido que: “Quien hace la ley no debe ser el que la ejecute, y el que la ejecute no debe ser el mismo que la haga, y el que interprete a Ley no sea ni el que la haga, ni el que la ejecute”; principio de separación de poderes, “Check and balances” como le llamarían luego los norteamericanos.

Pero todo lo anterior, aunque lo apoyo en forma teórica, no puede servir de excusa o tapadera, para que, escudado bajo la formalidad del ejercicio del control legislativo de los actos el ejecutivo, se escondan materialmente estamentos políticos que en la realidad lo que hacen es avenirse a los intereses propios o de grupos de poder que los financian, olvidándose completamente de su naturaleza representativade los intereses de sus electores mayoritarios y ya no digamos de los intereses de las mayorías. Pretender esconder una falsa oposición política, un funcionamiento material distorsionado del ejercicio del poder a través de formas “partidocráticas”, y un ejercicio de bloqueo total al ejercicio del poder ejecutivo en términos de políticas públicas que están impactando a los intereses de las mayorías, es pretender hacer pasar un esquema de funcionamiento antidemocrático, contrario a los intereses de gran parte de la población, y que sólo beneficia a los mismos que la realizan o a pequeños grupúsculos de poder fáctico, como el “sistema formal de control interorgánico del poder”, y que por ello algunos como yo, en esta coyuntura podríamos parecer contrarios a la “democracia” institucionalizada en nuestro país. Nada más alejado de la realidad.

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Lo que estamos atestiguando en realidad es que bajo la“apariencia de institucionalidad democrática” en términos formales, se está escondiendo un esquema de funcionamiento torcido, totalmente antidemocrático y que sólo privilegia e históricamente ha privilegiado los intereses de ellos mismos y de grupúsculos de poder fáctico que tienen y han tenido a este país sumido en la pobreza, la violencia, el atraso y el subdesarrollo, porque una característica de esta rancia clase política “partidocrática” legislativa -y de los anteriores ejecutivos al actual-, ha sido la de haber sido extremadamente corrupta hasta el paroxismo. De esa apariencia de sistema democrático y funcionando de esa forma perversa, no me declaro seguidor, por mucho que la formalidad me condicione o no a respetarla, por mucho que la constitucionalidad me constriña o no a aceptarla.

En buenas cuentas, hay que tener absolutamente clara una cosa con relación a lo que acontece con esta rancia partidocracia que aún tenemos enquistada en la institucionalidad legislativa de nuestro país: Que bajo la apariencia de “institucionalidad democrática” formal, se esconde un sistema torcido y antidemocrático que voy a atacar y a intentar eliminar con toda la fuerza que tengo disponible de esa radicalidad democrática de la que hablé. Así de simple…






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