La legislación electoral salvadoreña permite a los ciudadanos votar para elegir diputados ya sea por rostro o por banderas. Algunos partidos le apostarán a que sus seguidores voten por bandera y otros preferirán convencer a sus adeptos que lo hagan por rostro. Como sea el votante tiene derecho a hacerlo como se le antoje.

Opinión

El voto por rostro es más “poderoso”

Jaime Ulises Marinero / Periodista @ulisesmarinero

martes 12, enero 2021 • 12:00 am

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La legislación electoral salvadoreña permite a los ciudadanos votar para elegir diputados ya sea por rostro o por banderas. Algunos partidos le apostarán a que sus seguidores voten por bandera y otros preferirán convencer a sus adeptos que lo hagan por rostro. Como sea el votante tiene derecho a hacerlo como se le antoje.

A mi juicio (y puedo estar equivocado) votar por bandera es menos democrático  o representativo que hacerlo por rostro, pues hacerlo de esta forma implica votar por candidatos elegidos en el orden deseado por el partido, algunos de los cuales podrían estar utilizando posiciones  privilegiadas sin merecer siquiera  ser diputado. Por ejemplo, quienes votamos en San Salvador vamos a elegir a 24 diputados y si lo hacemos por bandera y el referido partido gana 12 de 24 curules, estamos votando por los primeros 12 y es muy probable que en esas posiciones se hayan colado candidatos reciclados o personas que no merecen el cargo o que nosotros no deseamos como parlamentarios.

En cambio sí votamos por rostro tenemos el privilegio de escoger hasta 24 candidatos aunque sean de partidos diferentes. Incluso podemos votar  solo por candidatos de un mismo partido, pero de 24, podemos marcar solo 11, 14, 21, 23 o incluso solo uno o dos, para no llevarnos en cuenta a alguno que no sea el idóneo para el cargo.

De todos es bien sabido que los partidos en contienda han logrado colar a candidatos (as) con pasado oscuro (muy oscuro), algunos casi iletrados o sin moralidad notoria. Algunos con procesos judiciales abiertos, otros que se han visto involucrados en grandes escándalos privados y públicos, otros  tránsfugas que cambian de color político de acuerdo a sus propias conveniencias, algunos con claros intereses particulares, otros que no tienen criterio ni una ideología convincente y se han convertidos en cajas de resonancia. Hay algunos que ya fueron diputados en otras épocas e hicieron tan mal las cosas que uno no se explica cómo es que tienen el descaro de volver a participar. Por ahí hay candidatos que tienen dificultades para hablar con coherencia, otros que están más descontextualizados que los textos del “manifiesto comunista”.

Hay aspirantes que aún dicen “aigan”, “dendioy”, “vaa”, “hubieron”, “agora”, “a según”, “súper” “preveer” (por prever), “en lo que es” y toda suerte de modismos y arcaísmos impropios de los ciudadanos letrados. Hay que aclarar que ser iletrado no es sinónimo de maldad, pues habrá quien sea todo un genio en el arte de la palabra, pero con el alma llena de malas intenciones.

Conozco candidatos que se andan vendiendo como redentores o paladines/ escuderos de los salvadoreños y no han hecho más que decepcionarnos en el pasado o apegarse a la imagen de un líder dentro de su partido. No tienen más propuesta que sembrar el odio hacia sus rivales e impulsar el rencor ciudadano. Hasta ahora no he escuchado una propuesta seria y honesta que conlleve la participación ciudadana, la rendición de cuenta, la transparencia y los objetivos de nación que nos generen mejores condiciones de vida para todos. Algunos quieren ser diputados para “ayudar a gobernar al presidente” y otros quieren ser diputados para “oponerse al presidente”. La función de la Asamblea es legislar sin importar si esa legislación favorece o no al presidente, pues a quien debe favorecer es a la sociedad.


Algunos diputados actuales nunca merecieron ese cargo porque no lo ejercieron en beneficio de la población. Otros que aspiran a llegar esos cargos tampoco merecen desempeñarlo. Sin embargo, los partidos han colocado en sus listas a quienes sus dirigentes (sus bases de manera surrealista) han querido porque son dóciles o porque suponen que serán leales a los colores del partido (aunque en períodos pasados hubo disidencias o traiciones). Los salvadoreños que no estamos afiliados a partidos no hemos tenido incumbencia en la elección de candidatos mucho menos en la colocación del orden numerario en las papeletas de votación, por eso es mejor votar por rostro. Así, podremos votar por candidatos de todos los partidos o de uno solo, pero por la cantidad de aspirantes que nosotros consideremos, toda vez que no lo hagamos por más de la cantidad que cada departamento nos permite.

En definitiva para elegir diputados (as) es mejor votar por rostros para que nosotros como ciudadanos tengamos más incidencia y nuestro sufragio sea más “poderoso”, aunque hacerlo por bandera también es permitido. Al final cuando estemos frente a las urnas cada uno tendremos el privilegio de votar como se nos antoje. Como sea, hagámoslo con responsabilidad y civismo.