Expertos en salud pública determinaron que las mascarillas faciales son una herramienta clave para reducir la propagación del nuevo coronavirus, pero no todos los tapabocas son igualmente efectivos y algunos pueden ser incluso contraproducentes.

Un nuevo estudio clasificó 14 tipos de mascarillas comúnmente disponibles, y encontró que los barbijos médicos ofrecen una protección significativamente mayor contra la propagación de las gotitas que pueden trasmitir el virus que los tapabocas de algodón, mientras que los pañuelos de cuello no sirven de casi nada.

Los hallazgos publicados en la revista estadounidense Science Advances tienen implicaciones de política pública, en particular en países como Estados Unidos, donde las autoridades alentaron a la población a usar mascarillas de tela y dejar las de tipo médico a los trabajadores de la salud porque escasean.

"Necesitamos aumentar la producción y distribución de mascarillas quirúrgicas", tuiteó Tom Frieden, exdirector de los Centros de Control y Prevención de Enfermedades durante el gobierno del presidente Barack Obama, tras la publicación del estudio.

Las mascarillas faciales son importantes porque entre el 30% y el 40% de las personas infectadas pueden no mostrar síntomas, pero aun así transmiten el virus sin saberlo al toser, estornudar o simplemente hablar.

Para este estudio difundido el 7 de agosto, investigadores de la Universidad de Duke en Estados Unidos hicieron que varios participantes enmascarados hablaran en una habitación oscura en dirección a un rayo láser, mientras se filmaba la escena (la gente repitió: "Manténganse saludable, gente" y "Cuídense").

El número de gotitas que atravesaban el rayo fue analizado por computadora.

¿Cuál es la mejor mascarilla?

Como era de esperar, las mascarillas N95 reservadas para el personal hospitalario (el estándar estadounidense equivalente a FFP2 europeo) son las más efectivas, reduciendo la transmisión de gotitas en más del 99,9%, en comparación con el no uso de un tapabocas.

Las máscaras quirúrgicas o de polipropileno no se quedaron atrás, reduciendo la transmisión de gotitas en un 90% o más en comparación con quienes no llevaban barbijo.

Los cubrebocas faciales de algodón proporcionaron una buena protección, eliminando del 70% al 90% los aerosoles del habla normal, según la cantidad de capas y pliegues.

Pero las pañoletas solo redujeron las gotitas esparcidas en aproximadamente un 50%.

La peor de las 14 mascarillas probadas fue el pañuelo de cuello, del tipo que usan los corredores: esta tela en realidad aumentó la cantidad de gotas expulsadas, posiblemente porque el material contribuyó a dispersar las gotas más grandes en muchas más pequeñas.

Finalmente, las máscaras N-95 con válvulas redondas, diseñadas para entornos industriales donde la exhalación del usuario es menos importante que la inhalación, funcionaron aproximadamente a la par que las mascarillas de algodón en términos de cantidad de gotitas transmitidas.

Las autoridades sanitarias han desalentado el uso de las máscaras N-95 con válvulas porque, si bien protegen al usuario, esparcen más fácilmente el aire contaminado exhalado por una persona.

El coautor del estudio, Eric Westman, dijo que esta información ya había servido para evitar la compra masiva de un tipo de mascarilla que él y una organización local sin fines de lucro habían planeado distribuir de forma gratuita en Durham, Carolina del Norte, donde tiene su sede la universidad.

"La noción de que 'cualquier cosa es mejor que nada' probó no ser cierta", dijo.