El sacerdote franciscano italiano, Cosme Spessotto, fue reconocido este miércoles como mártir de la Iglesia Católica por el papa Francisco. Spessotto fue asesinado en El Salvador donde sirvió por 30 años.

El sábado 14 de junio de 1980, mientras rezaba antes de oficiar la Santa Misa por su recuperación -acababa de ser diagnosticado de Leucemia- fue abatido a balazos por desconocidos, frente al altar mayor de su Iglesia parroquial en San Juan Nonualco, La Paz. Dos hombres y dos mujeres habrían participado en el asesinato, según los medios de la época.

Durante los años de guerra civil salvadoreña, el mártir denunció las injusticias y atrocidades que se estaban realizando y ayudó a enfermos y cuantos le necesitaban. Recogía cadáveres en las cunetas y los enterraba. No hacía distinción de bandos: “A todos los he bautizado, todos son hijos de Dios”.

En una ocasión y tras el asesinato de seis jóvenes ofreció ayuda a sus madres pobres. Les dio dinero, les ofreció cristiana sepultura y ofreció misas por los jóvenes. Era un párroco comprometido y no parecía que tuviera problemas. No obstante él ya había recibido amenazas de muerte.

Spessotto había recibido amenazas por igual de escuadrones de la muerte de derecha y de guerrilleros de izquierda. Estos últimos incluso llegaron a manchar su vehículo con letras rojas.

El Papa Francisco aprobó el martirio de Cosme Spessotto, nacido el 28 de enero de 1923 en Mansué (Italia) por odio a la fe.

El Vaticano explica que el cura "no hizo política" sino que "ejerció su ministerio sacerdotal, tratando de mediar entre las partes en conflicto" y, por lo tanto, es posible identificar como motivo de su muerte el "odium fidei", es decir, el odio a la fe.

El martirio -añade la Santa Sede- también surge de sus escritos, en los que expresó su disposición a perdonar a sus posibles asesinos. Sabía que estaba en peligro porque había recibido amenazas.

"Los superiores le habían sugerido que regresara a Italia, pero él, impulsado por la caridad pastoral, quería quedarse en El Salvador para no abandonar a su pueblo", se lee en la nota.

El martirio es un paso para su eventual canonización. En El Salvador, monseñor Óscar Arnulfo Romero, ya elevado a santo y el sacerdote Rutilio Grande, ya han sido declarado mártires previamente.

Amenazas de muerte y testamento espiritual

Le mancharon de rojo el asiento de su Jeep, le enviaron anónimos para que detuviera su misión. Él destruía todo y lo escondía. No quería que nadie sufriera por ello. Lo único que realizó fue escribir un testamento para cuando fuera asesinado:

“Presiento que, de un momento a otro, personas fanáticas me pueden quitar la vida. Pido al Señor que a momento oportuno me dé fortaleza para defender los derechos de Cristo y de la Iglesia. Morir mártir sería una gracia que no merezco. Lavar con la sangre, vertida por Cristo, todos mis pecados, defectos y debilidades de la vida pasada, sería un don gratuito del Señor. De antemano perdono y pido al Señor la conversión de los autores de mi muerte. Agradezco a todos mis feligreses que, con sus oraciones y con sus manifestaciones de aprecio, me han animado a darles el último testimonio de mi vida, para que ellos también sean buenos soldados de Cristo. Espero seguir ayudándoles desde el cielo”, escribió.

Este documental de la UCA hace un perfil de su vida en San Juan Nonualco, así como su martirio.

https://www.youtube.com/watch?v=MN5N0oTNzV8