Roberto Burgos Viale Catedrático 

¡Paren de contar…!

Esta fue la frase de la última semana en los Estados Unidos, cuando ya hasta para el presidente de aquel país, fue evidente su desventaja en el conteo inicial de votos y se multiplicaron las reacciones triunfantes de la oposición en su país y en el mundo.

La misma frase, que expresaba el descontento y la frustración de Trump, pudo haber sido utilizada por los salvadoreños con pocas horas de diferencia, solo que aquí en un escenario distinto: ante la amenaza que el Huracán ETA representaba para el país, a pocas horas de tocar territorio hondureño, el gabinete de emergencia del Ejecutivo ya daba cuenta de los cientos de comités de emergencia alistados, de la gran cantidad de personal desplegado, e incluso de albergues con capacidad para albergar a miles de afectados, como si estos no estuvieran siendo utilizados para pacientes afectados por la pandemia.

A esta cuenta triunfal no podía dejar de sumarse el Alcalde de San Salvador, quien intentó además defenderse de las críticas de ministros y comisionadas presidenciales, por la supuesta falta de efectividad del servicio de recolección de basura –como si esto fuera una novedad- esgrimiendo a su vez cifras similares a las del Ejecutivo para lucirse ante las cámaras de televisión.

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Cuentas más, cuentas menos, ya sea en los Estados Unidos de América o en El Salvador, el hecho es que algo malo está pasando con la comunicación política de los funcionarios en todo nivel: las cifras y los resultados que estos prefieren difundir, no coinciden con la realidad que la ciudadanía enfrenta.

En el caso de los Estados Unidos, cuyo proceso electoral me atrevería a decir que es tan importante o más que el interno, dada la cantidad de salvadoreños que residen en Norteamérica, al peso de sus remesas en nuestra economía y a la influencia política de su gobierno en el nuestro, no pudo más que verse con estupor lo ocurrido a lo largo de la semana anterior: un presidente denunciando el supuesto fraude electoral ante los resultados que no le favorecen, y manifestaciones públicas coreando –en inglés por supuesto- las mismas consignas que se escucharon en San Salvador en los años setenta.

Como si la influencia de los migrantes hubiese recaído de sopetón en un proceso de radicalización, pero también de tropicalización de la actividad cívica, en torno a los resultados de unas elecciones que insisto, son importantes a nivel local y global.

Pero volviendo a los salvadoreños, estamos todos tan acostumbrados desde los tiempos de Arena, a ver esa aglomeración de funcionarios rodeando al presidente de turno, mientras este expresa su mensaje de solidaridad en cadena nacional, asegurando que se están tomando las medidas de contingencia para enfrentar la tormenta, el terremoto o hasta alguna explosión misteriosa, solo demuestra que la audiencia cuenta con una paciencia y una capacidad de resistencia digna de mejor fin, pues todos sabemos que los únicos que pueden ayudar a los salvadoreños, aparte de alguna misión humanitaria extranjera, somos los mismos ciudadanos salvadoreños, gracias a nuestro sentido de la solidaridad que se activa en los peores momentos, y que han sido tantos este año, demasiados.

Así pues, es necesario seguir el conteo de votos en los Estados Unidos, como es urgente hacer la cuenta de las situaciones de emergencia en las que en nuestro país se activa un “tigre de papel”, que no pasa de los chalecos que para la ocasión suelen distribuirse entre comités o centros de monitoreo, pero que adolece de la más escasa o nula capacidad operativa y de coordinación en el terreno, en donde se ve a ministros del gabinete haciendo gala de un sentido de la oportunidad que raya en el descaro, cuando de lograr la mejor foto para su próxima campaña electoral se trata.

Así, la paciencia ciudadana se irá agotando a cuenta gotas, en cámara lenta si se quiere pero agotándose, pues los desastres naturales y las crisis sanitarias se acercan cada vez más a los eventos electorales del futuro, y nadie quiere contar votos en medio de la violencia y la intolerancia a la que hoy por hoy, parecen tan afines los políticos en todo el mundo. Por eso contar, cuenta para todos.