Editorial & Opinion

Sembrando “granos solidarios”

Benjamín Cuéllar / Defensor de Derechos Humanos

viernes 17, abril 2020 - 12:00 am

Pienso que a estas alturas, nadie puede ni debe minimizar la magnitud de la pandemia que hoy golpea al mundo. En ese escenario, la situación salvadoreña es clara y lamentable: la población más castigada por sus efectos está siendo y será aquella que, tanto en lo social como en lo económico, ya era extremadamente angustiante desde antes de que sonaran las alarmas. Dejar que otros se ocupen bien o mal de encarar tal realidad cuando podemos hacer algo, es un irresponsable voltear la vista para otro lado. Si se puede, ¡hay que hacer lo que se pueda! Y eso lo están haciendo un grupo de jóvenes, empujado por su solidaridad derrochada sin reparos y sin ningún asomo de politiquería electorera.

Comenzaron a darle rienda a su imaginación a finales del mes pasado; son  personas que ya estaban preocupadas por el país que les estamos entregando, sacudidas por la indignación que les genera las víctimas de la muerte lenta producto de un sistema estructuralmente injusto; son quienes con pasión comenzaron a darle rienda suelta a su imaginación, para impulsar una efectiva y coherente acción colectiva. Iniciaron ocho y ahora ya son más de veinte quienes integran la iniciativa que nombraron, luego de escuchar propuestas, “Granos Solidarios”.

Su principal objetivo inmediato es proveer de alimentos básicos a personas que ya sobrevivían en situaciones de vulnerabilidad y que, ahora con mayor razón y gravedad, siguen sin contar con lo más elemental para suplir sus necesidades básicas. Entre estas se encuentran adultas mayores, desposeídas sin hogar, mujeres, niños y niñas, adolescentes y jóvenes, trabajadoras en el sector económico informal, con discapacidad y otras.

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Pero además, “Granos Solidarios” se plantea precisamente lo que inspira el nombre de su esfuerzo: promover en el corto y el mediano plazo un mensaje de solidaridad social contundente, ante la falta de atención efectiva por parte de las autoridades públicas. Ello, con el fin de que personas o entidades particulares  se animen a involucrarse en iniciativas similares y así, como sociedad, contribuir a paliar ‒en la medida de lo posible‒ las necesidad básicas de quienes ya están en una situación de precariedad que se agravará durante la vigencia de las lógicas y necesarias restricciones vinculadas con el Covid-19.

En la hora actual, es imprescindible ‒desde una perspectiva ética y moral‒ que  quienes puedan compartir según sus capacidades lo que tienen o lo que no necesiten en el mediano o largo plazo, lo hagan con las personas de escasos recursos que en este momento se enfrentan a un entorno de necesidad más que inédito en el país, el cual puede conllevar a desatar una espiral de violencia social.


“Granos Solidarios” ha establecido su metodología para operar que contempla crear un equipo de personas voluntarias, dispuestas a participar de forma permanente en el proyecto para la administración, la cocina, el apoyo logístico, el apoyo sanitario y las comunicaciones. La  idea ‒que ya comenzó a ser realidad‒ es charlar con municipalidades, parroquias, organizaciones sociales y demás, que cuenten con un espacio adecuado para poder llevar a cabo las actividades proyectadas  mientras las restricciones por la pandemia continúen.

Así las cosas, no cuesta tanto pasar de la indignación que nos genera la injusticia a la acción generadora de cambios que vayan de lo simple a lo complejo. Apenas iniciando el proyecto, la semana anterior se realizaron tres jornadas durante las cuales se beneficiaron a 172 familias integradas por cinco personas promedio; estas recibieron víveres que pueden alcanzar para alimentarse entre tres a cuatro semanas.

En resumen, el proyecto no parte de ningún interés político partidista. Se trata de intentar enviar un mensaje de solidaridad en medio de una crisis tan grave como la actual en el país y sensibilizar a quienes cuentan con recursos para compartir con aquellos sectores que están en situación de enorme necesidad.  No se buscan ni fama ni simpatías. Se trata de una acción urgente, de un deber ético que busca sumar esfuerzos y multiplicar resultados, a diferencia de tantos intereses que restan y dividen en contra del bien común. La necesidad de un cambio estructural en El Salvador debe nacer desde su gente, abajo y adentro, de forma desinteresada y con el propósito central ‒en este momento‒ de paliar el sufrimiento y la angustia.

Para finalizar, ojo: las y los jóvenes partícipes en esta empresa, en su mayoría no se conocían. Se encontraron y juntaron por sus ganas de hacer algo, sabiendo que además de comenzar a sembrar “Granos Solidarios” pueden también sembrar las semillas de futuro para que en este su país florezca la justicia plena merecida por sus mayorías populares.




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