Editorial & Opinion

Tortura mental

Selim Rodríguez / Colaborador

viernes 26, junio 2020 - 12:00 am

En el devenir del tiempo la humanidad ha buscado incansablemente salidas a su compleja realidad económica, social, conceptual etc. Y para ello ha hecho uso de diferentes factores. Entre estas “soluciones” express, han estado el alcohol y los estupefacientes lo que la farmacología denominó en el siglo XX : Tranquilizantes y antidepresivos. Ahora bien, estos medicamentos si bien su uso son aplicables a enfermos que adolecen diferentes patologías estas físicas y/o mentales. Su tratamiento y proceso de estos como parte de la terapia son en los presentes aplicados no solo a enfermos confirmados en sus cuadros clínicos. Sino que estos son utilizados maquiavélicamente en la política así lo confirman los diferentes hechos y sucesos que registra la historia.

Hoy día, esta situación ha tenido una mayor propagación viral ya que busca el control, dominio y sometimiento de las masas. Un enfermo vive diferentes experiencias así como con un ciudadano enfrenta múltiples retos socioeconómicos. Y es precisamente estas situaciones que los controladores, operadores políticos y comunicacionales maximizan para diferentes fines. Ejemplo de ello: El tormento económico y mental al que está siendo doblegada la población global con la presente situación sanitaria del covid-19.

Localmente somos testigos que valiéndose de dicha situación sanitaria surgen en la sociedad interrogantes ante esta experiencia “nueva”, pero que sabemos no será la última. Así como un enfermo no puede concentrarse en los pequeños detalles por diferentes motivos, de igual manera un ciudadano ante la falta de orientación, definición por parte de sus gobernantes dada la ausencia de información certera, cae en un vacío de confusión sobre la validez de su propio destino al futuro inmediato. Este déficit de seguridad: laboral, física, económica es extremadamente propicio a la sugestión.

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Veamos pues: El que está llamado a construir serenidad y confianza es el que actualmente se ha convertido en el interrogador incisivo que busca obtener ventaja de este sentido de desorientación colectiva que para beneficio de sí mismo . Al cambiar lo que técnicamente urgente  necesita la nación por una estrategia  de tergiversaciones de las propias dolencias de la patria. Y es que torpedear las exigencias de un segmento poblacional y pretender presentarlas como ataques evidencia una total falta de capacidad de encontrar soluciones a la crisis que atraviesa desde ya la economía.

Crear una red de contradicciones valiéndose del poder estatal, manipulando las instituciones para amenazar, atacar y retar a la institucionalidad genera una sensación de zozobra y desanimo  frustración en una sociedad cada vez ve más incierto en que sucederá el día de mañana. Somos testigos de  falsos lideres  logran ubicarse de victimarios a víctima. Sus acciones irracionales han erosionado la mente de un sector flojo, conformista y mediocre que se sacia con migajas. De ahí su “popularidad”. Basta  las acciones  draconianas que retan el orden jurídico, así lo respaldan diferentes reportes internacionales de instituciones que velan por la democracia y derechos humanos.


El país no está para más grados de confusión en una sociedad desorientada, ansiosa que se encuentra casi imposible de distinguir la verdad de la falsedad. Y esto es grave debido que un pueblo que emocionalmente esta aniquilado es propenso a apoyar cualquier disparate para poner fin o evitar “su tortura mental” . Así lo evidenció la aceptación del pasado Estado de Excepción que en nada contribuyo a este problema. Por el contrario evidenció la verdadera personalidad de un neófito en política que de forma unilateral se ha adjudicado el poder absoluto similar a un califato.

La sociedad no puede seguir tolerando a un agente público que menosprecia las normas y procedimientos en los que se rige una Democracia. Así como las cuarentenas extremas o híbridas son dañinas dado los efectos psicológicos que producen, de igual manera seguir otorgando vía libre a un personaje que su fin es desmontar el orden jurídico y que advierten externamente en el uso desproporcionado de la ley para coaccionar a todo aquel que no piense como Él. Ciudadanos todos, quien cede la acción pierde el derecho.





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