Su firma está estampada en el Acuerdo de Paz que se firmó el 16 de enero en el castillo de Chapultepec, en México, como miembro de la comisión de negociación por parte del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN). Cañas cree que Nayib Bukele no hubiera podido ser candidato en los años setentas, su partido y sus activistas, sostiene, hubieran sido víctimas de persecución.

 

¿Fueron una farsa los acuerdos de paz?

Los acuerdos de paz son la reforma más profunda de la segunda reforma política más profunda de la segunda mitad del siglo XX, por donde usted lo quiera ver. En el tema electoral, por ejemplo, antes de los acuerdos de paz existía el Consejo Central de Elecciones (CCE), que estaba muy afamado en ser especialistas en hacer fraudes, las elecciones eran una burla a la voluntad popular en el periodo anterior a la firma de los acuerdos de paz, no se me olvida cuando uno escuchaba aquellos códigos de ‘póngale más tamales a la olla’ o uno encontraba votos en las aceras de los puestos de votación y las persecuciones para los partidos de oposición. El Tribunal Supremo Electoral, con todas las falencias, es infinitivamente superior al CCE. Hay una cuestión fundamental, que es la alternancia. Eso no era ni soñado, lo soñaron todos los que estuvieron en política desde 1930 hasta que el primer gobierno de alternancia que se da en el país, con la llegada de Mauricio Funes, no vamos a discutir quién es Mauricio Funes, sino el hecho, la alternancia llega a concretarse en el país.

 

¿Los militares tenían injerencia en las elecciones, cómo era eso?

Aquí vivimos largos periodos de dictaduras militares que comenzaron con el general Maximiliano Hernández Martínez, continuaron con el PRUD, siguieron con el PCN, ser presidente tenía como requisito ser militar, en asambleas de militares se decidía quién era el próximo candidato, o el coronel Molina, o el general Romero, Sánchez Hernández, son como muy cortos los periodos de la historia contemporánea del país en la cual estuvo un civil estuvo al frente del Ejecutivo. Los partidos cambiaron de nombre pero eran partidos de la dictadura militar. En lo operativo desde el Consejo Central de Elecciones, se coordinaba con los cuarteles y los cuarteles llegaban a los centros de votación, rellenaban urnas, botaban boletas de los partidos de oposición y además de la persecución, capturas, exilio y en la última etapa desaparición y muerte de opositores. Esas eran las condiciones cuando firmamos hace 29 años el Acuerdo de Paz. Para que puedan entender que lo que vivimos ahora en su imperfección es infinitamente superior a lo que fue la historia reciente en El Salvador, en términos electorales, judiciales, de la Fuerza Armada, la Policía. Logramos que desaparecieran cuerpos llamados de seguridad como la Guardia Nacional. Claro, los que no conocieron las persecuciones de la Guardia Nacional ni mucho menos estuvieron en un calabozo, sujeto a capturas, les parece que es una historia fantástica, inventada. Pero toda había una generación que estamos vivos que sufrimos la persecución.

 

¿Qué diferencia tenía la Guardia Nacional la Policía de Hacienda con la Fuerza Armada actual?

Las funciones de la Policía estaban militarizadas antes de los acuerdos de paz. Eran oficiales de la Fuerza Armada los que conducían la seguridad pública. Uno de los grandes logros del Acuerdo de Paz es la separación del Ejército de la Policía. A mí me duele ver los radiopatrullas que dicen “Policía” y abajo en letra pequeña “nacional civil”, el calificativo le dan esa característica en la que los militares ya no pueden tener participación en la dirección de seguridad pública. La Guardia Nacional se organizó para cuidar las fincas de café, la Policía de Hacienda para perseguir la producción clandestina de licor especialmente, fueron deviniendo, en la contrainsurgencia, en aparatos encargados de reprimir a todo aquel que hiciera una oposición en contra del Gobierno. Es que hoy cualquiera en redes sociales puede escribir cualquier cosa. Pero antes de la firma de los acuerdos de paz, por andar con una estampita de monseñor Romero, por ser estudiante universitario, por tener libros que pudieran tener la pasta roja en un cateo, eran sujetos de intimidación, captura, etcétera. Por eso entiendo que les cuesta a estas personas y por eso es tan importante un Instituto de Cultura de Paz porque las personas pasamos.

Si la Fuerza Armada tiene el cuartel Zapote, dedicados a hacerle altares a Monterrosa, al general Martínez, ¿por qué no hacemos un museo de la paz en el local de la ex Guardia Nacional o en el local antiguo del cuartel San Carlos? ¿Qué era la Fuerza Armada antes del Acuerdo de Paz?
“Se coordinaban y los cuarteles llegaban a los centros de votación rellenaban urnas, botaban boletas de los partidos de oposición, además de la persecución, capturas, exilio y desaparición y muerte de opositores”.

¿Se mantienen las causas de la guerra en El Salvador?

Las causas estructurales se mantienen. La injusta distribución de la riqueza, hay una enorme cantidad de personas que viven en la pobreza. Eliminar la desigualdad social era un objetivo de nuestra lucha. Las causas estructurales del conflicto no se han resuelto. Esas no resolvió los acuerdos de paz, resolvió otras. No tuvimos la suficiente fuerza para poder cambiar eso, el tema económico y social fue menos tratado. Ni siquiera el Foro para la Concertación Económica y Social para que, si había conflictos, pudiera existir un mecanismo donde se reunieran empresarios y trabajadores para validar el método de diálogo negociación para buscar un acuerdo político, otro gallo nos cantara en El Salvador...

 

¿Qué hubiera pasado con un candidato como el actual Presidente en los años 70?, ¿hubiera podido participar y ganar?

Ni participar, su partido y los activistas de su partido hubieran sufrido persecución. Si el acuerdo de derechos humanos y la creación de la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos fue producto que a nadie se le persiguiera por tener una opinión política. En El Salvador, ser opositor, te perseguían, te encerraban en la cárcer. Yo creo que akilatar el significado de que ahora cualquiera puede organizarse en un partido, hacer la publicidad, campaña electoral, nadie le va a decir ahora ‘lo voy a meter preso por ser de tal partido’. El Acuerdo fue la reforma política más profunda de la segunda mitad del siglo XX.

 

¿Dónde está el error cuando las instituciones creadas en la paz fallan con la corrupción, componendas entre poderes?

Las fallas son de los hombres, mujeres, que estaban al frente de las instituciones. Para el caso, cuando firmamos el Acuerdo de Paz en el Órgano Ejecutivo estaba Alfredo Cristiani, en el Legislativo, el cuñado de d’Abubuisson, Roberto Angulo; (Mauricio) Gutiérrez Castro era el presidente de la Corte Suprema de Justicia. Entonces, Cristiani le hablaba a Angulo para que le resolviera los problemas en la Asamblea; hablaba con Gutiérrez Castro para que a punto se pusiera la Corte Suprema de Justicia en función de ‘el hombre’, se le decía, ‘el hombre’ era el presidente de la República. ¿Qué hicimos nosotros? Dándole calidad a la división de poderes, dijimos: los términos de duración de los magistrados de la CSJ no deben coincidir con los periodos presidenciales porque, si coinciden, hace posible que la CSJ se convierte como una extensión del Ejecutivo. Logramos nueve años para los magistrados y les garantizamos un presupuesto para que tampoco fuera medio para estar manipulando, para evitar que dijera ‘si te portás bien, te abro el grifo, si te portás mal, no’. ¿Cómo se puede seguir fortaleciendo la democracia? Despartidizando el Tribunal Supremo Electoral. Si logramos que los partidos no tengan el monopolio de representacón del Gobierno, si se respetaran los órganos de Gobierno y tuviéramos una Asamblea velando por el interés nacional que particulares. No participar en política debilita la institucionalidad democrática.



¿Qué avances y retrocesos ve después de 29 años de paz?

El retroceso más importante es no tener sentido de la historia. Yo soy salvadoreño y tengo que entender mi historia. La base de la identidad nacional está en la historia. Uno de los vacíos es no akilatar el sentido de la historia, el entendimiento del presente pasa por el estudio del pasado.

 

¿Por qué los salvadoreños no tenemos sentido de la historia?

En primer lugar, la provisionalidad, la gente lo que quiere es irse. Cuando uno tiene sentido de la historia busca patrimonios naturales que lo confirmen como salvadoreña, ese es un vacío del hogar y de la escuela, dos aparatos del Estado que deben de ocuparse que cada persona vaya entendiendo qué es ser salvadoreño. Se debería en un currículo agregado de hablar del Bicentenario.

 

¿Es necesario reformar la Constitución?

Claro. Uno en el artículo 85, quitarle el monopolio de la representación del Gobierno a los partidos y hacer una cosa más amplia; en el tema de la hacienda pública, hay que crear una contraloría general, habría que cambiar el artículo de la Constitución de la prescripción de la corrupción de 10 a 20 años; el voto en el exterior. Habría que valorar si los periodos de alcaldes no se hacen más grandes.
“Es que hoy cualquiera en redes sociales puede escribir cualquier cosa. Antes de la firma de los acuerdos de paz, por andar con una estampita de Romero, eran sujetos de intimidación, captura”.

¿Cuáles fueron los hechos que marcaron a El Salvador en el último año?

La pandemia, no solo por el problema de salud, sino el problema humano, todos perdimos familiares, se perdieron empresas que cerraron, miles de personas que perdieron trabajo. Cambió todo. A mí no me gusta hablar de nueva normalidad, es una nueva realidad que plantea retos impresionantes, la digitalización.

 

¿El 9F marcó El Salvador?

Sí, fue una luz roja que se encendió, una cuestión delicada.

 

¿Ve rumbo económico en el país?

Es un modelo económico basado en la dinámica de las remesas. Tenemos grandes desafíos, el tema agrícola, seguridad alimentaria. En un aparato económico normal el aparato dinamizador es la inversión, como aumenta la inversión, aumenta el empleo, los trabajadores reciben salarios y eso dinamiza el consumo. El gran desafío de los próximos años, que está muy duro, es aumentar la inversión. Porque no hay nada más cobarde que un millón de dólares, los inversionistas no tienen patria, ellos tienen intereses, buscan la obtención de la máxima ganancia. Si El Salvador se presenta como un país atractivo para la inversión extranjera, es bueno. Si la economía norteamericana está bien, hay más remesas aquí.

 

¿Cree que alguien quiera regresar a la guerra?

No creo. Los que hemos vivido y los que sabemos qué es enfrentar un conflicto armado que por lo menos en su última etapa duró 12 años... Los más amantes de la paz somos los que vivimos la guerra.

 

El perfil


Roberto Cañas, firmante de la paz

Nació: 21 de noviembre de 1950.

Estudios: Economía en la Universidad de El Salvador. Posgrado formación de investigadores y maestría en educación.

Ocupación: Catedrático de maestría en ciencia política.

Trayectoria política: fundó el Movimiento de Izquierda Revolucionaria, fue miembro de la Resistencia Estudiantil Universitaria, fue fundador del FMLN y excandidato del CD.