Editorial & Opinion

Entre femes y hambrunas

Juan José Monsant A. / Exembajador venezolano en El Salvador

sábado 14, marzo 2020 - 12:00 am

La primera vez que las vi invadiendo un templo con los senos al aire, fue en la Catedral de Almudena de Madrid. Entraron desnudas de la cintura hacia arriba, protestando por cualquier cosa; en realidad no por cualquier cosa, haciendo notar el infame patriarcado incrustado en la cultura española, que ostenta el dudoso record de ser la nación europea con el mayor número de feminicidios y maltrato a la mujer. Pero claro, al tomar las féminas de Podemos la exteriorización masiva del reclamo, lo convirtieron en un hecho político-ideológico con tintes marxistas de nuevo cuño, dirigido a debilitar el sistema político español.

Es una pena, por cuanto el origen del feminismo, como lucha legitima por la igualdad ante la ley y la sociedad, se remonta a siglos de persistencia. En verdad es contra el poder arbitrario ejercido por el hombre, y sus instituciones políticas-sociales; entre ellas, la Iglesia católica, pilar fundamental de la cultura occidental, no obstante haber sido Jesús, el Cristo, el primer conductor religioso y líder en darle a la mujer su puesto en la sociedad, igual en esencia y en el bautismo, al varón.

En Venezuela, nuestras féminas se despojaron de sus camisas para protestar contra la narcotiranía; por alguna razón el machismo no ha sido un punto oscuro de la sociedad venezolana; ni siquiera Chávez logró destruir ese valor adquirido a través de la historia, por el contrario, el dictador les temía.

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Eso de desnudarse para protestar no es recién, Lady Godiva esposa de un noble terrateniente inglés, se paseó desnuda montada sobre un caballo en protesta por los impuestos agobiantes que su marido le imponía a su pueblo; y eso fue por allá en el siglo XI.

Femen tuvo su origen en Ucrania, donde la joven economista Anna Hutsol fundó en el 2008 la organización para protestar contra el turismo sexual y, la trata de blanca a que eran o son sometidas sus mujeres. De allí se difundió por el mundo en diversas manifestaciones, desde esas desquiciadas que quemaron 35 templo cristianos en Chile; las que piden la abolición de los sexos y la exterminación del varón; la exigencia a la igualdad  salarial de las profesionales del futbol femenino con el profesional masculino, liderada por Megan Rapiño y Alex Morgan, hasta el movimiento Me too que acaba de obtener de los tribunales norteamericanos la condena de 23 años de prisión por violación y abuso sexual, al ex magnate de Hollywood, Harvey Weinstein.


Lo de la hambruna, viene ante la reflexión de una entrevista realizada por el reconocido periodista venezolano Napoleón Bravo, hoy en el exilio, al igualmente periodista cubano radicado en los Estados Unidos Agustin Acosta, donde el planteamiento inicial fue el bloqueo económico como justificación de la escasez de alimentos y demás bienes y servicios, como instrumento de dominación y control de la población.

Narra Acosta con mucha autoridad, cómo en Cuba se llegó a la tarjeta de racionamiento y a la escasez de alimento. Fue luego de la aparición del primer movimiento guerrillero anti fidelista, mal armado y poco apoyado por los Estados Unidos que fuere derrotado dos años después; más tarde surgiría un segundo  intento derrotado en pocos meses y, finalmente, con la invasión de Bahía de Cochinos y la traición que se les hizo al abandonarlos a su suerte, toma Fidel la decisión de mantener ocupado al pueblo en la diaria sobreviviencia, en la procura alimentos y demás bienes de servicio. Control total: si te portas bien, comes; no lo haces, quedas a tu suerte.

Acosta hace ver que es el mismo esquema que aplica la tiranía venezolana a su población, con el agravante de la complicidad por comodidad, codicia o cobardía de quienes cohabitan con ella de una manera abierta o encubierta.

Las tiranías, cualesquiera que ellas sean, terminan siempre en control total de la población, por represión o por alimentación, o por ambas en su conjunto; en tanto que la democracia, con sus defectos, siempre es perfectible, y un invalorable bien a conservar porque conlleva la libertad, la igualdad y el respeto.




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