La llegada de numerosos grupos ya preocupa a las autoridades de los Estados del sur como Texas, California y Nevada, en este último la gobernadora demócrata Katie Hobbs dijo este viernes que enviará soldados de la Guardia Nacional a la frontera porque el gobierno del presidente Joe Biden "se rehusa a hacer su trabajo".
Hobbs, cuyo estado es un objetivo clave para los republicanos, reprendió la semana pasada a Biden, colega de partido, después de que cerraran un puerto de entrada legal, supuestamente para permitir que los funcionarios concentraran sus recursos en detener la migración ilegal.
"De nuevo el gobierno federal se rehusa a hacer su trabajo de asegurar nuestra frontera y mantener a nuestras comunidades seguras", expresó Hobbs en su orden este viernes.
"Con esta orden ejecutiva, actúo donde el gobierno federal no lo hace".
"Pero no podemos solos, Arizona necesita recursos y poder humano para reabrir el cruce de Lukeville, administrar el flujo de migrantes, y mantener una frontera segura, ordenada y humana".
"A pesar de los continuos pedidos por apoyo, la administración de Biden se rehusa a enviar los desesperadamente necesarios recursos a la frontera de Arizona".
Para su sobrevivencia económica, varias comunidades de la región dependen de la inmigración legal a través del paso Lukeville, y su cierre afecta a familias que viven a ambos lados de la frontera.
Entre octubre de 2022 y septiembre de 2023, las autoridades fronterizas contabilizaron 2,4 millones de encuentros con migrantes en su frontera sur, la mayoría de ellos fuera de los oficiales puertos de entrada.
Octubre de este año cerró con 240.000 encuentros.
La ruta de California
Cientos de migrantes que llegan a diario a la frontera sur de Estados Unidos se amontonan en campamentos improvisados en medio del desierto de California, plagado de serpientes y escorpiones, donde sin agua ni abrigo enfrentan el clima extremo y precarias condiciones sanitarias.Activistas han definido estos campamentos a los pies del muro entre Estados Unidos y México como centros de detención a cielo abierto. Allí los migrantes esperan incluso por días para ser procesados por unas autoridades migratorias que se dicen sobrepasadas y sin capacidad institucional para ir más rápido.
La mayoría de los migrantes que acampan en Jacumba son chinos o turcos, pero también hay ciudadanos de Uzbekistán, Afganistán, Colombia, Ecuador y Perú.
Un chino, que se identificó como Jimmy por miedo a represalias del gobierno contra su familia en su ciudad de origen, dijo que atravesó diez países durante 35 días (y pagó 12.000 dólares) para llegar a Estados Unidos.