Ubicación. La elección de la zona del inmueble es fundamental. Si se va a utilizar como vivienda, idealmente debe quedar cerca del trabajo y del colegio de los hijos, para así evitar grandes desplazamientos y todos los problemas que genera el tráfico, sobre todo en San Salvador y alrededores. Si no se puede, al menos lugares de fácil acceso y con transporte público cercano.
Financiamiento. Se necesita contar con, al menos, un 15% del costo total para la prima. El resto se puede financiar, y son muchos los bancos que ofrecen créditos hipotecarios, aunque para eso es importante cumplir el requisito de un mínimo de ingresos. Además está el Fondo Social para la Vivienda (FSV) como otra opción.
Valorar opciones. No hay que decidirse por el primer lugar que uno visita ni enamorarse a primera vista de un inmueble. Es importante ver varios lugares, comparar los pro y los contra de cada uno y después tomar una decisión.
Plusvalía. Adquirir un inmueble es, seguramente, la inversión más grande que vaya a hacer en su vida. Por lo tanto debe estar 100% seguro de la elección y considerar la plusvalía del lugar como factor. Es decir, tener en cuenta cuánto puede valorizarse o desvalorizarse con el correr de los años dependiendo de la accesibilidad, la ubicación dentro del entorno urbano, entre otros.
Otros gastos. A veces, lo barato puede resultar caro... Y lo caro, muy caro. Por eso hay que evaluar el estado de la vivienda -a menos que sea un lugar a estrenar-, ya que muchas veces es necesario realizar arreglos o refacciones que implican mucho dinero. También se debe tener claro cuánto se paga mensualmente de mantenimiento, sobre todo en residenciales o en edificios de apartamentos, ya que a veces los precios son exorbitantes.
Asesoramiento. Siempre es recomendable recurrir a un agente inmobiliario para asesoramiento. Incluso se puede consultar a la Cámara Salvadoreña de Bienes Raíces.