Pero bueno, tres semanas después nadie sabe qué pasó realmente con Gustavito. ¿O sí? Las verdades del caso están más turbias que la pila de agua donde retozaba el animal.
Ya conocemos la primera versión, la que trascendió por todo el mundo y fue más efectiva en dar a conocer el lado oscuro de El Salvador con una eficiencia que cualquier campaña de turismo hubiera deseado: “¡Lo asesinaron!”.
Supuestamente unos tipos que nadie vio ni nadie conoce, se metieron subrepticiamente por Dios sabe dónde y agredieron hasta matar a un animal que pudo haber pesado fácilmente dos mil libras. Y nosotros reaccionamos estupefactos ante esa “salvajada”.
Luego se cambió la versión y dijeron que fue “por estrés”, luego que por una infección estomacal que provocó una infección pulmonar que lo habría matado y hasta mencionaron por ahí un envase de un jugo plástico.
¿Cual es la verdad? Solo Dios sabe pero evidentemente hay profundas dudas que alguien hubiera matado al animal. A menos que alguien con la fuerza de Hulk hubiera combatido con el animal en su pila, lo hubiera sometido y acuchillado hasta matarlo, yo francamente no le encuentro ni piés ni cabeza a esa versión. ¿O usted sí?
De las otras versiones hay mucho que escarbar y sigue creyendo que las autoridades del Zoológico deberían renunciar por su papel en este caso. Demás está hablar de otros funcionarios que han contribuido a esta oscura trama cuyas motivaciones ninguna mente sensata termina de entender.