De acuerdo al informe el problema creció durante los gobiernos de Donald Trump y de Biden, cuando miles de menores cruzaron solos la frontera y se integraron a la fuerza laboral para pagar las cuotas de los coyotes que los trajeron desde Centroamérica, mantenerse aquí y enviar dinero a sus familias.
Más de 800 empresas aprovecharon esa mano de obra barata e incluso pusieron a esos adolescentes a realizar trabajos muy peligrosos, según el gobierno federal.
Una investigación del periódico The New York Times fue más explícita y puso los reflectores sobre más de 100 niños migrantes que se dedicaban a lavar platos, repartir comida, hornear pan, construir casas, lavar sábanas de hoteles, confeccionar prendas de vestir y fabricar autopartes.
Estos menores usaban permisos de trabajo falsos que ocultaban sus verdaderas edades y nombres. En tanto, quienes los recibían en EEUU les exigían trabajar, el gobierno no tomó el problema con seriedad y las empresas evitaron sanciones culpando a sus contratistas, según el reportaje del Times.
El diario neoyorquino afirma que algunas compañías cuyos productos fueron hechos con trabajo infantil son Ben & Jerry's, Fruit of the Loom, Ford, General Motors, Walmart, Whole Foods y Target.
En respuesta a la investigación del Times, la administración Biden anunció que implementará acciones más agresivas para combatir este tipo de explotación laboral y advirtió que se enfocará en las empresas que se están beneficiando del problema.
Su iniciativa incluye realizar nuevas investigaciones en zonas del país donde se registran más casos y plantea solicitarle al Congreso que aumente las multas. Actualmente, si se verifica la infracción, deben pagar $15,000 por cada menor que hayan contratado indebidamente.
“Todos los niños de este país, independientemente de sus circunstancias, merecen la protección y el cuidado que esperaríamos para nuestros propios hijos”, dijo en un comunicado Xavier Becerra, secretario de Salud y Servicios Humanos, una dependencia que el año pasado recibió a más de 130,000 menores no acompañados, tres veces más que hace cinco años.