La vida de Gerardo Jovel cambió luego de intentar jugarles una broma a un grupo de amigos, donde pretendía asustarlos con el sonido de un mortero #7, que explotó en su mano izquierda.

Estos son recuerdos de su natal Zacatecoluca, La Paz, hace 11 años, cuando tenía 13. La explosión le provocó quemaduras graves de tercer y cuarto grado, la amputación de las falanges de sus dedos anular y medio, rotura de ligamentos y fractura de todos los dedos de su mano.



“Por un momento pensé que iba a perder la mano por el grado de afectación, o sea, era un mar de sangre en mi mano...tenía el dedo pulgar colgando”, relató Gerardo.

Según el joven, ahora de 24 años, éste accidente afectó también su salud mental, porque tuvo problemas de autoestima debido al bullying que recibía en la escuela, pero fue gracias al apoyo de su mamá y de su abuelo que asimiló y superó la situación.

“Pasé muchos años con inseguridad por lo mismo de la mano, en el cual yo no quería comentar mi situación; a simple vista mi mano podría verse como normal, como cualquier otra mano, pero ya más a detalle te vas dando cuenta que me hacen falta las puntas de mis dos dedos y tengo cicatrices en la mayoría de mis manos”, dijo.

Además de baja autoestima, Gerardo tuvo ataques de ansiedad, los cuales eran causados por ruidos de cohetes o similares a este.

Para controlarlas, el joven tuvo la ayuda del psicólogo de su escuela, que le ayudó a aceptar su situación, desahogar sus emociones y sentimientos.

“Para superar este miedo, ese temor al ruido, a explosiones, me ponía a reventar cohetes de centavo, de esos cohetes de centavo, que si te revienta en la mano duele obviamente, pero no representan mayor peligro, para alguien por lo menos de esa edad”, describió Jovel.

Gerardo afirmó que actualmente se ha recuperado tanto física como mentalmente, aceptó su situación y su autoestima ha mejorado, también, expresó que siente la obligación moral de aconsejar a los niños de su círculo familiar o allegados a no reventar pólvora sin supervisión de un adulto y mucho menos reventar pólvora prohibida.

“Creo que uno se da cuenta de los errores que comete, después de las acciones y en este caso me di cuenta del error que había cometido al manipular pólvora indebida y sin supervisión de un adulto”, declaró.

El pequeño Víctor de 10 años tuvo quemaduras graves en ambas piernas, pero se recuperó en el hospital Shriners. / Cortesía

Duelo y culpa

De acuerdo al psicólogo William de Paz, un accidente con pólvora provoca problemas de autoestima y autoimagen, depresión, ansiedad, traumas psicológicos y en caso de perder una extremidad puede existir un proceso de duelo, de adaptación y de aceptación.

De no ser tratados, las emociones y sentimientos provocados por los accidentes se pueden acumular al punto de no controlarlas, esto trae como consecuencia bajo rendimiento en las diferentes actividades de su vida.

“Probablemente si es un niño, le afecte primero su vida personal en su autoimagen, luego podríamos tener una afectación en cuanto a nivel social, por el hecho de no querer contacto social y por el que dirán, cómo lo van a ver los demás niños, por el que van a decir mis compañeritos y por los posibles comentarios que puedan hacer los demás sobre él”, mencionó el psicólogo.

También, el accidente puede afectar a la familia, por ejemplo, en el caso de un menor de edad, la familia puede pasar por un proceso de culpa, buscar un culpable de la situación, que genere un conflicto entre pareja, o en la misma familia.

“La persona encargada que estaba con el cargo de vigilar al menor pues esa persona también va a sufrir muy probablemente un sentimiento de culpa, de no haber hecho la responsabilidad o no haber cumplido directamente con lo que se le había solicitado, entonces vamos a ver cómo esto, afecta a la familia como tal”, expresó De Paz.

Gabriel Jovel perdió dos falanges  de su mano izquierda, cuando tenía 13 años al explotarle un mortero #7. / Juan Martínez.

Ranchador

Otro caso de afectaciones a la salud mental por un accidente con pólvora, es el caso de la Familia Raymundo. La vida de esta familia cambió una tarde del sábado 1 de abril de 2023, cuando se registró una explosión en la cohetería donde trabajan algunos de sus familiares.

La cohetería se encontraba a solo cuatro casas del hogar de los Raymundo, ubicado en el cantón Ranchador, Santa Ana, y según Karla Raymundo, la explosión ocurrió alrededor de las 5:30 pm, donde perdieron la vida dos sobrinas de 18 y 22 años y su cuñado, además su hijo Victor Valladares Raymundo y su esposo Edenilson Valladares, resultaron con quemaduras graves.

El pequeño Victor, de 10 años de edad, estuvo dos días en la Unidad de Cuidados Intensivos del hospital de niños Benjamín Bloom, antes de ser trasladado a uno de los Hospitales Infantiles Shriners en Estados Unidos.

Su madre manifestó que vivió momentos de angustia, ya que los médicos estadounidenses le advirtieron que Víctor podría perder ambas piernas, por las infecciones que tenía. Sin embargo, un mes más tarde el niño pudo recuperarse.

“Como ya no tenía infección comenzaron a trabajar en las canillitas de él, le quitaron piel de arriba de las piernas y se las injertaron en las canillitas y así fue recuperándose poco a poco hasta los ocho meses, le dieron de alta”, contó su madre.

Karla declaró que este suceso le afectó a toda la familia y recordarlo le provoca “una gran tristeza”, además de insomnio, lo anterior no solo le ocurre a ella sino también a su esposo.

“Ver para la casa donde ocurrió el accidente y recordar es bien triste, yo paso llorando y llorando, pidiéndole a Dios, porque son pérdidas que nunca se reponen, un trauma bien feo porque yo a veces sueño con eso; a veces son las 12:00 la 1:00 de la madrugada y yo no puedo dormir y no es que sueñe, sino que despierto y me vienen los recuerdos de eso a la mente”, relató Karla Raymundo.

Agregó que el pequeño Victor al despertar del coma se mostró alterado, gritaba dormido y “soñaba con las personas que murieron”, pero los médicos le dijeron que era algo del medicamento, aún así lo refirieron con una psicóloga que lo trató durante siete meses.

Asimismo, Raymundo añadió que actualmente la salud mental del menor de edad es estable e incluso al escuchar el sonido de los cohetes “se emociona porque ya quiere que sea 24 y 31 y me dice que le compre estrellitas, volcancitos porque él quiere reventar pólvora”.

Según datos de Protección Civil, 76 personas han resultado con quemaduras por el uso de productos pirotécnicos, de los cuales 74 ocurrieron durante el 23 y 25 de diciembre.

De la misma manera, el director del Fondo Solidario para la Salud (Fosalud), Carlos Nuñez indicó que de los 74 incidentes, el 43% (32 de los casos) corresponde a menores de edad y el 57% (42) de las víctimas se trata de adultos.

Por su parte, el Ministerio de Salud (Minsal) contabiliza desde el 1 de noviembre al 19 de diciembre, otras 17 personas lesionadas por el uso de pólvora, de los cuales, ocho son adultos y tres menores de edad y jóvenes menores de 20.