La presión sobre los sistemas eléctricos ya no proviene únicamente de la red pública. La transformación de los edificios está llevando a que la reconversión eléctrica se convierta en una decisión estratégica para proyectos habitacionales e industriales en Centroamérica.
De acuerdo con proyecciones de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), la demanda eléctrica mundial crecerá 3,7% en 2026, tras un aumento de 3,3% en 2025. En este escenario, cada vez más proyectos en la región priorizan diagnósticos técnicos y modernización de su infraestructura interna para absorber nuevas cargas sin comprometer la seguridad ni la continuidad de las operaciones.
El sector de edificios y construcción concentró en 2023 el 32% del consumo energético mundial y el 34% de las emisiones de dióxido de carbono (CO₂). A futuro, la AIE prevé que el área construida seguirá expandiéndose y que, bajo un escenario de transición acelerada, el consumo energético de los edificios debería reducirse cerca de 25% hacia 2030, lo que refuerza la necesidad de reconvertir sistemas eléctricos con criterios de eficiencia y resiliencia.
La electrificación avanza, pero muchas instalaciones fueron diseñadas para una realidad distinta. Hoy deben responder a nuevas demandas como cargadores para vehículos eléctricos, sistemas de agua caliente por paso, automatización y expansión de procesos industriales, muchas veces sin posibilidad de ampliar físicamente la infraestructura.
“La reconversión eléctrica ya es una decisión de negocio, porque habilita la electrificación y el crecimiento sin comprometer seguridad ni continuidad. La clave es diagnosticar la capacidad real del edificio y actualizar la infraestructura de distribución y protección, junto con la gestión de carga, para evitar sobrecargas y paros no planificados. Así, la electrificación se convierte en eficiencia y resiliencia, no en un riesgo operativo”, explica David Rodríguez, director de Ventas de Sistemas en Schneider Electric para Centroamérica.
Más allá del suministro externo, la continuidad operativa depende de la infraestructura interna. Diagnósticos de capacidad, protecciones adecuadas y monitoreo permiten balancear consumos, anticipar fallas y reducir interrupciones no planificadas que afectan productividad y costos, aseguró la empresa.
Una reconversión eléctrica “lista para electrificación” parte de evaluar la capacidad instalada y el perfil de demanda actual y futura, modernizar tableros y protecciones, incorporar eficiencia para liberar capacidad, y sumar medición, monitoreo y analítica. Tecnologías como sistemas de barras, sensores térmicos y software de gestión permiten administrar la carga, evitar picos y optimizar el uso de la energía disponible.
Desde la perspectiva económica, estos proyectos suelen ofrecer retornos relativamente cortos. La Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (UNIDO) señala que la optimización de sistemas motrices puede recuperarse en menos de tres años, mientras que la AIE identifica “quick wins” con retornos incluso menores a dos años.