El Salvador aparece con un desempeño de 4.8 de la gobernanza en una escala de 0 al 10 según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), que califica a los países de América Latina con base en indicadores del Índice Bertelsmann Stifung (BTI) de 2024.
“No se trata de un mal momento coyuntural sino de un entorno donde se combinan ciclos políticos más cortos, alta rotación en ministerios clave, fragmentación política, polarizacióni creciente y una confianza persistentemente baja en las instituciones”, señala el informe divulgado recientemente por la CEPAL.
El puntaje se realiza con base a calificaciones de la capacidad de conducción estratégica, que tiene un 4.3 para El Salvador; la eficiencia en el uso de los recursos públicos, con 4.0 para El Salvador; la cooperación internacional, 6.0; y la capacidad de construcción de consensos, que tiene un 4.8.
Gobernanza en El Salvador (4.8) y sus dimensiones
- Capacidad de conducción estratégica: 4.3
- Eficiencia en el uso de los recursos públicos: 4.0
- Cooperación internacional: 6.0
- Capacidad de construcción de consensos: 4.8
La capacidad de conducción estratégica de El Salvador tiene un puntaje de 4.3, frente a un 9.3 de Uruguay y 1.7 de Venezuela. Según la CEPAL, la conducción estratégica se vincula con capacidades políticas y prospectivas.
En general, la polarización ideológica de los sistemas de partidos ha oscilado entre 3.39 en 1990, 3.97 en 2000 y 2.09 en 2010. En la región, la confianza en las instituciones de la democracia aún se mantiene en la iglesia católica y otras instituciones públicas y privadas: el 67 % confía en la iglesia católica, 53 % en la radio y 47 % en la televisión.
El análisis de la CEPAL sostiene que las dificultades que enfrentan los países para impulsar políticas públicas transformadoras responden a un diseño político-institucional o una “trampa de gobernanza poco efectiva”, en referencia a los procesos mediante los cuales el Estado coordina decisiones junto a actores no estatales.
Esa trampa, advierte, ocurre por factores como la creciente dificultad para sostener políticas en el tiempo por la alternancia recurrente entre coaliciones de gobierno y rotación ministerial, la fragmentación política, las capacidades institucionales débiles, la polarización y el desgaste de la legitimidad o de la confianza en las instituciones públicas.
La fragmentación es entendida, no como ausencia de mayorías, sino como la “existencia de mayorías más complejas”. “La negociación no termina con la aprobación sino que continúa durante la ejecución, el financiamiento y la corrección de rumbo”, indica.
El concepto de gobernanza, según el análisis, no se refiere a la gobernabilidad, que es la aptitud de un sistema para operar de manera estable y legítima.