Con toda impunidad, un sujeto saca una arma y empieza a amenazar al resto de pasajeros, exigiéndoles que le entreguen los teléfonos celulares que seguramente con mucho sacrificio -y hasta al crédito- han logrado comprar esas personas.
No hay nadie que se resista. Todos entregan el celular sumisos, sin cuestionar nada ante la amenaza del arma. La imagen refleja cómo nuestra sociedad luce indefensa e impotente ante estos criminales. Lo increíble es que todo queda filmado en la cámara del microbús, pero el sujeto o no se da cuenta o no le importa que se den cuenta que lo están filmando, en su mente criminal cree que no le sucederá nada.
El trabajo de las autoridades tiene que ser precisamente ese. Encontrar al sujeto y mostrarlo como un ejemplo de persecución del delito, de investigación efectiva y luego lograr que se procese legalmente y los tribunales le den el castigo que se merece.
Nuestra sociedad ha vivido postrada durante décadas ante la criminalidad, no podemos seguir así. Es cierto, los homicidios han bajado pero los asaltos, las extorsiones, las amenazas, el uso ilegal de armas con toda impunidad, siguen siendo de los problemas pendientes de resolver.
El caso del microbús de Apopa es un ejemplo pésimo de la realidad que aún vivimos, pero debe ser el desafío para que las autoridades lo conviertan en un ejemplo de lo que hay que combatir y doblegar.