El nivel de endeudamiento es tal que el pago de ésta superará cualquier otro rubro del Estado, incluyendo Educación, Salud y Seguridad. Es imposible pensar en crecimiento y desarrollo con ese nivel de deuda. Puesto en términos de economía familiar, apenas queda lo suficiente para sobrevivir.
Como muestra, el gasto en desarrollo social será el más bajo desde el 2012, cayendo al 8.2 % del PIB. En particular, la inversión per cápita en niñez y adolescencia apenas aumentará solo siete centavos, según el análisis presentado por el Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales. Al cierre de 2017, el Estado salvadoreño habrá invertido $1.65 en cada niño, niña y adolescente, cifra que subiría a $1.72 en 2018.
El Salvador está ahogado y no puede seguir viendo la deuda como solución a sus problemas inmediatos; además, es necesario renegociar y refinanciarla para tener algún respiro; asimismo, disciplinar sus finanzas públicas y dejar de ver al Estado como un interminable empleador y benefactor.