Creer que la energía eléctrica es más cara por la noche, que los aparatos apagados no consumen electricidad o que los paneles solares son un negocio para vender energía son algunas de las ideas equivocadas más comunes entre los salvadoreños, señaló Ismael Antonio Sánchez Figueroa, especialista en eficiencia energética, docente e investigador de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA).

A través de una entrevista, el académico explicó que varios hábitos cotidianos influyen directamente en el consumo eléctrico de los hogares y, en algunos casos, también afectan los costos del sistema energético nacional.

Uno de los principales mitos es que la tarifa residencial aumenta durante la noche. Sánchez aclaró que, para los hogares, el precio de la electricidad es el mismo durante todo el día porque los medidores residenciales no registran el consumo por horarios.

Sin embargo, advirtió que cuando millones de usuarios encienden simultáneamente aparatos de alto consumo durante las horas nocturnas, el sistema eléctrico debe recurrir a plantas que funcionan con combustibles fósiles, cuya generación es más costosa. A mediano y largo plazo, esta situación puede presionar al alza las tarifas generales de energía.

Otro error frecuente es pensar que los equipos apagados dejan de consumir electricidad si permanecen conectados. El especialista indicó que cargadores de teléfonos, computadoras portátiles, televisores y microondas continúan demandando energía mientras están enchufados.

Este fenómeno, conocido como consumo fantasma o energía vampiro, parece insignificante a nivel individual, pero representa una demanda considerable cuando se multiplica por millones de dispositivos. Por ello, recomendó desconectarlos o utilizar regletas que permitan cortar completamente el suministro eléctrico.

 

Calor en la casa

El investigador también desmintió la creencia de que el color de las viviendas no influye en la temperatura interior. Según explicó, los techos de lámina y las paredes pintadas con colores oscuros absorben una mayor cantidad de calor, lo que incrementa la sensación térmica dentro de la casa y obliga a utilizar con mayor frecuencia el aire acondicionado.

La alternativa más eficiente consiste en utilizar colores blancos o tonos claros, especialmente en techos y superficies expuestas al sol, ya que reflejan una mayor proporción de la radiación solar y ayudan a mantener espacios más frescos.

En cuanto a la energía solar, Sánchez señaló que muchas personas consideran que instalar paneles fotovoltaicos en una vivienda permite generar ingresos mediante la venta de electricidad a la red. No obstante, explicó que estos sistemas están orientados principalmente al autoconsumo.

El usuario produce parte de la energía que necesita para su hogar y reduce la cantidad que debe comprar a la distribuidora, pero no se trata de un esquema diseñado para obtener ganancias mediante la comercialización de electricidad.

Además de estos mitos, el especialista identificó varias prácticas comunes que elevan innecesariamente el consumo energético.

Entre ellas mencionó el uso del aire acondicionado a temperaturas excesivamente bajas. Recomendó programarlo, como mínimo, a 22 grados Celsius para mantener un equilibrio entre confort y eficiencia.

También advirtió sobre la ubicación de las refrigeradoras. Cuando estos equipos se colocan en espacios con poca ventilación o se instalan muebles demasiado cerca de la parte superior, el calor generado por el condensador no puede disiparse correctamente, obligando al aparato a trabajar más y consumir una mayor cantidad de energía.

Pequeños descuidos cotidianos también impactan la factura eléctrica. Mantener conectada una cafetera únicamente para conservar caliente una pequeña cantidad de café o permitir que la radiación solar ingrese directamente por las ventanas son prácticas que incrementan el gasto energético.

Para reducir ese consumo, Sánchez recomendó utilizar vidrios polarizados, cortinas tipo blackout y adoptar hábitos que limiten el uso innecesario de los equipos eléctricos.