La niña estudiaba en una escuela pública de Mejicanos, y fue encontrada muerta el pasado miércoles 27 de marzo, frente a la colonia Rivera, a la altura del kilómetro 11 de la carretera Troncal del Norte, de Ciudad Delgado.
Ese mismo día en horas de la noche, fue identificada y entregada a sus familiares, en las instalaciones del Instituto de Medicina Legal de San Salvador. Por ser menor de edad, las autoridades no revelaron su nombre, pero su tragedia es el doloroso pan nuestro de cada día.
La víctima vestía una blusa blanca y falda azul, similar al uniforme que utilizan los estudiantes del sector público; sin embargo, no tenía escarapela de la escuela, en la que estudiaba. Aparentemente, la menor murió por golpes. Para la Policía la estudiante fue asesinada en otro lugar, luego llevaron el cadáver, en un vehículo, placas no identificadas.
Pareciera que las autoridades tienen ya algunos indicios de los autores del crimen que no debe quedar impune, pues es muy representativo de lo que vivimos. Dolorosamente, no es el único caso. Al menos cinco menores asesinados en los últimos días y además, varios jóvenes desaparecidos.
Nuestros niños, nuestros adolescentes, nuestros jóvenes, son presa fácil de la violencia. Los pandilleros buscan reclutarlos para sus fines perversos, a los menores de edad buscan utilizarlos para cometer delitos o hacer labores de espionaje. A los más jóvenes buscan aprovecharse de ellos en todo sentido. Los abusos a las adolescentes forman parte de su perverso menú. De ahí la necesidad de castigos ejemplares en casos emblemáticos como éste.