Las recientes declaraciones de Humberto Ortega Saavedra (HOS) no dicen casi nada nuevo. Sin embargo, entre líneas puede entenderse que, a Daniel Ortega Saavedra, hermano mayor (ya pateando los 79 años) del señor HOS y presidente de Nicaragua, al parecer la pita se le acabó. El vagón endemoniado en el que va montado ya no tiene más rieles. Debe parar y bajarse, de cualquier modo, pero bajarse.

El grupo de poder del que Daniel Ortega es el cabezal indiscutido y sin reemplazo no tiene plan B. Quizá nunca lo tuvo. Y esto que garantizó el ‘mando único’ por muchos años, ahora, en la decrepitud del ordenamiento político y en la senectud de su figura emblemática resulta contraproducente.



Como el siglo XX y lo que va del XXI lo sugieren, los regímenes autoritarios no tienen ‘vida eterna’. Más allá de una década ya es necesario que usen respiración artificial.

En Nicaragua, que desde 2007 vive un dilatado proceso de involución política, para el grupo de poder gobernante que no hegemoniza, sino que domina, ha llegado la hora de hacer las maletas. Los integrantes de ese grupo de poder no lo quisieran hacer, sobre todo aquellos que el señor HOS llama ‘los más radicales’ (¿hay más radicales que los ya conocidos?), pero la baraja ya no les ayuda, el amuleto ya no funciona y Nicaragua se está marchitando.

El vaciamiento poblacional cuyos destinos principales (Estados Unidos y Costa Rica) son significativos, la inanidad de un funcionamiento político sin disensión, la nada vigorosa actividad económica de un país pletórico de recursos naturales, todo eso en el marco de un escenario mundial que pone a los pequeños países periféricos frente a las tentaciones de los alineamientos con esta o aquella potencia global hace que la situación de Nicaragua (no es el único caso en Centroamérica) sea inquietante, quebradiza y undívaga, como decía el poeta.

Solo una mente ilusa podría asegurar que la presencia de China en Centroamérica (creciente y dotada de multipropósitos) es la salvación para la región.

Ninguna gran potencia ha salvado jamás a sus interlocutores menores. Los somete (por las buenas o por las malas), los atornilla en lo financiero y les suelta ‘cositas’ para que parezca que tienen grandes planes si... Pero todo es un juego geopolítico ya conocido en Centroamérica. Primero España que por cerca de 400 años impuso su férula. Después Inglaterra en el siglo XIX que hizo lo suyo. Y durante el siglo XX (y aún hoy) los Estados Unidos que no atinan a relacionarse con sus vecinos al sur del río Bravo en términos equilibrados. De ahí que las expresiones de la generala Laura J. Richardson, jefa del Comando Sur estadounidense, de estar ‘preocupada por la presencia rusa en Nicaragua’, expresen el modo y el tono en el que una gran potencia se relaciona con lo que podría llamarse sus áreas protegidas.

Lo dicho por el señor HOS también puede leerse por debajo.

Aunque la situación en Nicaragua se oferta como tranquila y controlada, lo cierto es que el cuerpo social nicaragüense está maltrecho y quizás el fantasma del hambre puede ir ganando terreno en el imaginario colectivo.

Daniel Ortega y su cohorte de poder han malbaratado desde abril de 2018 sus posibilidades reales y se han llenado de enemigos por todos los flancos. Aunque el señor HOS, en sus declaraciones se desmarcó de ser enemigo del régimen (y también de los opositores) la descripción del esquema de dominación que cobija a su hermano y a su pequeño grupo de poder en verdad no fue amable, más bien áspero y hasta desafiante. No es extraño que la Policía rodeara la casa del señor HOS la noche del domingo 21 de mayo y le decomisaran computadoras y teléfonos. Algo está por romperse.

Así como están las cosas, si el grupo de poder encabezado por Daniel Ortega no es capaz de recomponer el escenario político deprimido del país, opción que sugiere el señor HOS, dentro de poco podrían comenzar a desmantelarse por propia voluntad empresarial, aquí y allá, segmentos de actividad económica. Y eso, agravaría la situación del dispositivo de poder, porque si la economía comienza a hacer aguas, aunque exista un control político férreo que silencia toda disidencia, sostenerse en esas condiciones quizá se vuelva cuesta arriba.

Daniel Ortega y su pequeño círculo no es probable que piensen con cabeza fría y busquen una salida, cualquier salida, y donde su posición no sea cómoda. Como mal jugador quiere seguir ganando y eso, a estas alturas, ya no se puede.

• Jaime Barba. REGIÓN Centro de Investigaciones