Resulta que el fin de semana, dirigentes de dos partidos políticos se me acercaron para ofrecerme la posibilidad de ser candidato a diputado por el departamento de La Paz y, hace dos semanas, miembros de otro partido me ofrecieron ser candidato a concejal para Olocuilta. Desde luego, les agradecí, pero les dejé claro que por ahora tengo descartadas esas posibilidades. Como ciudadano tengo derecho, como cualquier otro salvadoreño, a buscar ser funcionario de elección popular, pero soy periodista y comunicador y como tal tengo claro que periodista y comunicador no se mezcla con política partidaria. No es ético.
Todo periodista que se lanza al mundo de la política partidaria debería renunciar de inmediato a seguir ejerciendo el oficio más lindo del mundo: El periodismo.Sin embargo, cada quien toma sus decisiones de acuerdo a su conciencia y a sus propias valoraciones éticas. A lo mejor algún día busque ser diputado o alcalde, pero será de manera independiente, sin ataduras partidarias, para responder en exclusiva a los intereses de los electores y no a los partidos políticos o a los financistas de las campañas.
Reitero, el objetivo de contar esto no es vanagloriarme, sino alertar a los colegas periodistas y comunicadores. Es fácil caer en las tentaciones que ofrece el mundo de la política, pero quienes decidimos ser periodistas y/o comunicadores tenemos que tener muy en claro que somos fiscalizadores del orden social y aplicadores (ejecutores) de estrategias comunicacionales, lo que nos convierte en personas mediáticas que a la vez podemos engañar o confundir a los demás, si hacemos uso de tácticas y estrategias propagandísticas.
En el pasado muchos periodistas cayeron en las tentaciones y algunos llegaron a ser alcaldes, concejales, diputados y hasta presidentes de la República; precisamente entonces nos dimos cuenta que perdimos excelentes profesionales en los medios y ganamos pésimos funcionarios. Los periodistas somos buenos para analizar, interpretar, cuestionar, orientar, dudar y sospechar, pero rara vez somos buenos para ejercer como funcionarios de elección popular.
Dos colegas periodistas me contaban que a ellos también les han ofrecido ser candidatos e igual han rechazado esas intenciones. Estoy seguro que los periodistas “tentados” son muchos, como ya ha ocurrido antes. Algunos aceptan, se meten a competir, pierden, pero contra toda ética vuelven al ejercicio periodístico, aunque ya hayan perdido credibilidad (el valor más ostensible del periodista).
Todo periodista tiene derecho a ser de izquierda o de derecha (hasta de centro si quieren), pero debe mantener la ecuanimidad intelectual y el equilibrio emocional para ejercer su oficio con profesionalismo, tratando de ser imparcial y buscando acercarse a la objetividad. Cuando un periodista se pone un chaleco partidario deja a un lado sus valores para convertirse en un político más y por ende deja de ser profesional porque rompe con la ética. El periodismo y las comunicaciones son servicio para la sociedad de manera desinteresada y un político siempre prioriza a un partido por sobre el interés social.
Ojalá que en las próximas elecciones no haya muchos periodistas y/o comunicadores en contienda electoral. Siempre es una lástima ver que algunos solo utilizan el periodismo como grada de impulso para sus fines políticos y que otros se dejan encantar por los colores partidarios. En lo personal, no quiero ser candidato a nada por ningún partido.