Después de una misa de cuerpo presente y un recorrido en los alrededores del Centro Histórico, el cuerpo del obispo emérito de Santiago de María Rodrigo Orlando Cabrera Cuéllar, fue sepultado este viernes en la cripta de Catedral Metropolitana.

El obispo Cabrera Cuéllar murió la madrugada del martes pasado y fue velado en capilla ardiente primero este miércoles en la parroquia Santa Catarina de Alejandría, en Usulután y luego a la catedral de Santiago de María ayer.
Todos los obispos del país asistieron a la misa por la muerte del obispo emérito de la diócesis de Santiago de María./Gabriel Aquino.

Una vida de entrega a la Iglesia

Rodrigo Orlando Cabrera Cuéllar nació en Teotepeque, La Libertad, el 14 de marzo de 1938. Estudió filosofía en el Seminario Mayor “San José de la Montaña” en San Salvador. También, estudió filosofía y teología en Santiago de Chile y en Buenos Aires, Argentina, y asistió a cursos de teología pastoral en Medellín, Colombia, según un perfil que compartió la iglesia.



Recibió su ordenación sacerdotal el 6 de enero de 1962. Su consagración episcopal fue el 11 de febrero de 1984, en la fiesta de Nuestra Señora de Lourdes. Orlando Cuéllar fue Obispo Diocesano de Santiago de María desde ese año hasta la fecha.


Entre sus cargos, fue vicario cooperador de la Iglesia San Martín de Porres y párroco en las ciudades de Alegría, Ciudad Barrios, en Catedral de Santiago de María. También, fue párroco en San Martín de Porres y en Jucuapa, Lolotique y Sesori. Además, fue capellán del centro penal y rector del Seminario Menor de Santiago de María “Santiago Apóstol”.

Además, monseñor Cabrera fue secretario de la Curia Diocesana y del Presbiterio, Consultor Diocesano y Pro-Vicario General. También fue Vicario General de la Diócesis de Santiago de María y párroco de la Catedral de esa ciudad. Fue miembro de la Junta para el Seminario Mayor y encargado de la Parroquia de San Agustín.
Monseñor Rodrigo Orlando Cabrera fue enterrado en la cripta de Catedral Metropolitana de San Salvador. / Gabriel Aquino.
En 2016, el papa Francisco recibió su carta de renuncia, tras cumplir 75 años, y fue en marzo de 2017 que pasó a ser obispo emérito de la diócesis de Santiago de María.