El jefe de seguridad fronteriza de Estados Unidos, Tom Homan, informó que este próximo lunes comenzará el despliegue de los agentes del cuestionado Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) en los aeropuertos del país para paliar la ausencia de personal de seguridad por una crisis presupuestaria.
Homan dijo este domingo a la cadena CNN lo que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ya avanzó a última hora del pasado sábado y de nuevo hace unas horas: la intervención directa del ICE en los procedimientos de controles de seguridad para los pasajeros, una tarea desempeñada habitualmente por empleados de la Administración de Seguridad en el Transporte (TSA).
Sucede no obstante que la TSA que, como el ICE, depende del Departamento de Seguridad Nacional, se encuentran ahora mismo inactivos porque el Gobierno estadounidense sigue inmerso en un cierre parcial que ha imposibilitado el pago de sus salarios desde mediados de febrero. Las ausencias se han mantenido desde entonces por encima por encima del 9% y más de 350 agentes han renunciado desde que comenzó el cierre, de acuerdo con el Departamento de Seguridad Nacional.
«El lunes», escribió finalmente Trump este domingo, en su plataforma Truth Social, el ICE acudirá a los aeropuertos para ayudar a nuestros maravillosos agentes de la TSA que han permanecido en sus puestos «a pesar de que los demócratas de la izquierda radical, que solo se centran en proteger a los criminales más duros que han entrado ilegalmente en nuestro país, están poniendo en peligro a Estados Unidos al retener un dinero acordado hace mucho tiempo».
Con esta decisión, comienza la intervención en los aeropuertos estadounidenses de una fuerza de seguridad enormemente cuestionada tras las numerosas acusaciones de exceso de fuerza vertidas por la oposición demócrata y organizaciones civiles durante sus actuaciones para detener a migrantes sin papeles en varias ciudades del país.
El American Immigration Council (Consejo Americano de Migración o AIC) ha denunciado que al menos seis personas murieron bajo custodia del ICE en enero de 2026 en centros de detención de Texas, Pensilvania, Georgia y California, por no mencionar que agentes federales mataron a tiros a los ciudadanos estadounidenses Renee Good y Alex Pretti en el marco de protestas contra el ICE en la ciudad de Mineápolis.