Dentro del grupo, los más apasionados eran Israel Gutiérrez y su entrenador Noé Preza. Ellos, que pasaron casi todo el tiempo en el pequeño poblado de Châteauroux, donde se disputó el tiro deportivo, no salían de su asombro ante la imponencia de París y sus monumentos.
El grupo era comandado por Bryan Fernández, fisioterapista puertorriqueño de la delegación, que por haber vivido en tiempo en París fue nombrado oficialmente guía de la delegación. Con él, además del tirador y su entrenador, iban el judoca Jairo Moreno y su entrenador Óscar Henríquez.
A ellos se sumaron el nadador Nixon Hernández y dos deportistas salvadoreños que viven en Francia, el también nadador José Antonio Alvarado y la triatleta Juliet Khan. Junto a ellos, funcionando como una especie de embajador, estaba Pascal Drouhaud, un gentil francés amante de El Salvador, país en el que vivió por un tiempo y al que visita con cierta frecuencia.
“Después de tanto esfuerzo y tantos sacrificios, disfrutando un poco de París, es bueno soltarse, relajarse, sacarse el estrés”, cuenta Jairo. “Una de las cosas que se priva uno es tomar soda, por ejemplo, o cosas que no hacen bien al metabolismo, así que después uno puede darse el lujo de tomarse”, explica. Si bien no tuvo demasiado tiempo libre, sí le alcanzó para ir al Arco del Triunfo, a la Torre Eiffel y al Palacio de Versalles.
El momento curioso del día llegó cuando los atletas estaban a punto de tomarse una foto con el Arco del Triunfo de fondo y la bandera de El Salvador. “Ah, ese es mi país”, gritó alguien de por allí. Se presentó como Nancy, una señora de Santo Tomás que vino de vacaciones hace dos años y ya no quiso volver: “Aquí me quedé, encontré trabajo en el servicio doméstico y hasta he tenido el chance de conocer Bélgica... Sabía que podía encontrar a algún compatriota por los Juegos y tuve suerte”.