Rosa Chávez fue uno de los clérigos más cercanos al beato Óscar Arnulfo Romero, quien se refería al hoy purpurado como “un amigo que lo ha sido desde tanto tiempo y muy de fondo”. También ha sido uno de los impulsores de su canonización.
El nuevo purpurado ha sido un hombre caracterizado por su humildad, la labor evangelizadora y su siempre mensaje crítico ante las injusticias, un hombre que cuestiona pero propone, que siempre ha favorecido el diálogo y ha abogado por la unidad del país.
Tener un cardenal salvadoreño es un gran honor para nuestro país y no solo para los católicos. Rosa Chávez debe ser un factor de unidad y cohesión para toda nuestra sociedad tan cargada de polarización política, de enfrentamientos verbales improductivos y malsanos, esta sociedad tan afectada por la violencia, la corrupción y la desigualdad.
Que la Divina Providencia ilumine al nuevo cardenal y que su labor profética sirva para fortalecer a El Salvador en valores y principios que tanto hacen falta para reconstruir el país moral, económica y socialmente.