La decisión del COI de expulsar de los Juegos de Milán Cortina al atleta ucraniano de skeleton Vladyslav Heraskevych, abanderado de su país, por utilizar un casco con fotografías de deportistas asesinados por Rusia, es la última de las polémicas surgidas en los JJ.OO de Invierno.
El atleta, readmitido por el COI tras la controversia, aunque sin poder competir es la enésima muestra de que las normas olímpicas sobre neutralidad política, el dopaje y la conducta de los atletas siguen siendo fuente constante de debate y sanciones, con decisiones que en muchos casos han marcado la historia del olimpismo moderno.
Esta es una relación de los casos más destacados.
Las reglas del COI sobre propaganda política, dopaje y conducta de los atletas han generado expulsiones y descalificaciones desde comienzos del siglo XX. Uno de los primeros casos ocurrió en Estocolmo 1912, cuando el estadounidense Jim Thorpe fue despojado de sus medallas de oro en pentatlón y decatlón por haber jugado béisbol profesional. El COI restituyó sus títulos en 1983, décadas después de su muerte.
En México 1968, John Carlos y Tommie Smith fueron expulsados por alzar el puño en el podio en apoyo al movimiento Black Power. Ese mismo año, el sueco Hans-Gunnar Liljenwall protagonizó la primera descalificación por dopaje al dar positivo por alcohol en pentatlón moderno.
El dopaje volvió a sacudir los Juegos en Seúl 1988 con el canadiense Ben Johnson, despojado del oro en los 100 metros por uso de esteroides. En Sidney 2000, el equipo español de baloncesto para discapacitados intelectuales fue descalificado al comprobarse que diez de sus doce jugadores no tenían discapacidad, uno de los mayores fraudes en la historia paralímpica.
En Pekín 2008, el británico Dwain Chambers fue excluido por antecedentes de dopaje, mientras que el COI prohibió a atletas españoles portar un crespón negro por el accidente aéreo de Spanair, aplicando estrictamente la regla que veta símbolos políticos.
Londres 2012 también dejó múltiples controversias, como la descalificación de varias medallistas en 1,500 y 800 metros por dopaje, entre ellas Asli Çakir y Ekaterina Guliyev. Además, el surcoreano Park Jong-woo fue excluido de la premiación tras mostrar una pancarta con el mensaje «Dokdo es nuestro territorio».
A partir de Río 2016 se destapó el programa ruso de dopaje de Estado vinculado a los Juegos de Sochi 2014, lo que derivó en sanciones históricas y la participación de atletas rusos bajo bandera neutral. En Tokio 2020 volvió a discutirse la regla 50 de la Carta Olímpica, que prohíbe manifestaciones políticas o religiosas en sedes olímpicas.
En París 2024 también se registraron sanciones, como la descalificación de la afgana Manizha Talash por exhibir el mensaje “Free Afghan Woman”, la sanción al serbio Nemanja Majdov por santiguarse antes de competir y la pérdida del oro del español Yassine Ouhdadi tras una sanción por dopaje.
Ahora, en Milán Cortina 2026, el caso de Heraskevych coloca nuevamente al COI en el centro de la discusión sobre los límites entre libertad de expresión y neutralidad política en el deporte, en un contexto marcado por la guerra en Ucrania y la participación de atletas bajo estrictas condiciones simbólicas.
La polémica confirma que, más allá de la competencia deportiva, los Juegos Olímpicos continúan siendo escenario de tensiones políticas, éticas y reglamentarias que influyen directamente en el desarrollo y la imagen del movimiento olímpico moderno.
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