El elevado costo de la vida en Estados Unidos se convirtió en uno de los principales obstáculos para el presidente Donald Trump y el Partido Republicano, que enfrentan unas elecciones legislativas el próximo martes en medio del descontento por la inflación, la guerra contra Irán y la creciente preocupación por el impacto de la inteligencia artificial en el empleo y los servicios básicos.

Trump regresó a la Casa Blanca en enero de 2025 con el respaldo de votantes que confiaban en su capacidad para reducir la inflación, después de que el país experimentara el mayor incremento de precios en cuatro décadas.

Su antecesor, Joe Biden, quien gobernó entre 2021 y 2025, enfrentó una escalada inflacionaria vinculada a las consecuencias económicas de la pandemia y la guerra en Ucrania, hasta registrar una de las mayores inflaciones acumuladas durante un mandato presidencial estadounidense.

Sin embargo, los indicadores muestran que las presiones sobre los precios persisten durante la actual administración. En los últimos seis meses del gobierno de Biden, la inflación promedio fue del 2.67 %, mientras que entre abril y septiembre, el último período con datos disponibles bajo la presidencia de Trump, alcanzó el 3.67 %, una diferencia de un punto porcentual.

Este comportamiento económico representa un desafío para los republicanos, que buscan conservar sus estrechas mayorías en la Cámara de Representantes y el Senado.

Los sondeos apuntan a un escenario desfavorable para el Partido Republicano en la Cámara de Representantes y a una disputa por el control del Senado. Entre los factores que explican el malestar ciudadano figuran las decisiones comerciales impulsadas por Trump durante 2025, cuando estableció aranceles contra socios comerciales de Estados Unidos, una medida que encareció numerosas importaciones y afectó el poder adquisitivo de los consumidores.

A estas presiones se sumó la guerra contra Irán, iniciada el 28 de febrero con bombardeos ordenados por Trump, que provocó alteraciones en el comercio marítimo a través del estrecho de Ormuz y un fuerte incremento de los precios energéticos.

Desde febrero, la gasolina regular aumentó casi un 50 % en Estados Unidos, mientras que el diésel se encareció cerca de un 70 %, afectado también por los ataques ucranianos contra refinerías rusas. El alza de los combustibles terminó trasladándose a otros productos y servicios, profundizando las dificultades económicas de los hogares.

Los últimos indicadores confirman la persistencia de estas presiones inflacionarias. El índice de precios al consumidor (IPC) registró un promedio del 3.5 % durante el último trimestre, mientras que el índice de gastos en consumo personal (PCE), publicado este jueves, reflejó un incremento del 3.6 % en septiembre. Ambas cifras muestran que el encarecimiento de los bienes y servicios continúa siendo un problema para la economía estadounidense a pocos días de las elecciones legislativas.

Pese a este panorama, la economía de Estados Unidos mantiene un crecimiento importante. El producto interno bruto (PIB) aumentó un 3.4 % durante el tercer trimestre, por encima del ritmo registrado entre abril y junio.

El resultado estuvo respaldado por el consumo privado, que creció un 3.8 %, el mismo porcentaje del trimestre anterior, lo que evidencia que los estadounidenses continuaron gastando durante el verano a pesar del aumento del costo de la vida. La inversión empresarial también registró un avance del 12.7 %, impulsada principalmente por el desarrollo de tecnologías relacionadas con la inteligencia artificial, con incrementos del 37.4 % en equipos de procesamiento de información y del 9.6 % en programas informáticos.

No obstante, la expansión de la inteligencia artificial también genera preocupación entre sectores de la población estadounidense, especialmente por el riesgo de pérdida de empleos y el elevado consumo de energía y agua de los centros de datos. El crecimiento de estas instalaciones despertó resistencia en comunidades que temen nuevos incrementos en las tarifas de electricidad y agua. Así, aunque la inversión tecnológica contribuye al crecimiento económico, las inquietudes sobre sus consecuencias se suman a las dificultades que enfrenta el Partido Republicano para conservar el control del Congreso.