Los trabajadores siguen como si nada ante las imponentes columnas de ceniza del volcán de Fuego que se observan desde los pasillos de la fábrica de Nestlé en Antigua Guatemala, con excepción de los foráneos, quienes entre aromas a especias y la imagen del coloso quedan atrapados.
Desde este complejo, la mayor planta de alimentos deshidratados de la multinacional suiza en América, se despachan anualmente hacia El Salvador más de 2,000 toneladas de productos terminados, consistentes principalmente en sopas de fideos y cubitos de caldo de la marca Maggi.
“Representaría un 5 % de toda la producción de la planta”, explicó Óscar Sulecio, gerente de Fábricas de Nestlé Guatemala, quien destacó la preferencia de las familias salvadoreñas: “Nosotros en El Salvador somos líderes en sopas”.
La relación comercial con El Salvador no opera únicamente como destino de consumo. En la cadena de valor de la multinacional, la industria salvadoreña es un eslabón estratégico: Nestlé adquiere empaques en siete países de América Latina, de los cuales El Salvador suministra el 27 % del total.
“Para nosotros, El Salvador, en su industria de materiales flexibles, que son los laminados que usamos para formar los sobres, y en los rígidos, que son los botes, son de nuestros proveedores claves”, afirmó el ejecutivo.
De esa manera, la industria salvadoreña se entrelaza en la producción de dos de las diez marcas de mayor demanda en Centroamérica: Maggi y Malher, según el informe Brand Footprint 2026 de Worldpanel by Numerator.
Potencia regional y tecnificación
Con más de medio siglo de operaciones desde su apertura en 1970, la sede de Antigua Guatemala procesa 46,700 toneladas anuales de culinarios deshidratados, distribuidas en 225 referencias comerciales que abastecen a más de 20 países en el continente.
“Estamos explorando la oportunidad de exportar fuera del continente americano, que forma parte de la visión de nuestra fábrica”, sostuvo el gerente.
En el último lustro, la compañía ejecutó inversiones por $28.5 millones orientadas de forma primordial a digitalización y tecnificación de sus líneas de envasado y mezclado.
“Nuestra primera prioridad es el tema de la seguridad de las personas, la calidad, el cumplimiento. Estamos automatizando la planta, un 50 % de la planta está automatizada. Y tenemos un porcentaje de la inversión para mejorar las instalaciones”, detalló Sulecio.
El complejo es una de las dos fábricas que el conglomerado opera en Guatemala, donde además posee el centro de distribución más grande de Nestlé en Centroamérica, mantiene relaciones comerciales con más de 700 proveedores locales y atiende una red de 100,000 puntos de venta.
Nestlé suma más de un siglo de presencia en Centroamérica y el Caribe, donde cuenta con una planilla de más de 5,000 colaboradores, seis plantas de producción y cuatro centros de distribución.
Reformulación nutricional y sostenibilidad
En un contexto donde los consumidores son más exigentes, Nestlé ha modificado su perfil nutricional desde 2010 mediante una política de reducción progresiva de sodio y edulcorantes artificiales, transitando hacia recetas con insumos naturales.
“Para nosotros es importante dar sabor”, subrayó Sulecio.
Las mezclas incorporan vegetales y especias importadas desde la India o China, mientras que colorantes como la cochinilla se adquieren en Chile para sustituir aditivos sintéticos y adaptar las fórmulas a las exigencias sanitarias de los mercados receptores.
En su brazo de sostenibilidad, la planta de Antigua Guatemala utiliza el 100 % de la electricidad proveniente de fuentes renovables desde 2019, mientras que para integrar a la comunidad se diseñó el Centro Cultural Nestlé y el Museo Jujúl,un espacio interactivo sobre la historia de los alimentos, la nutrición y la gastronomía guatemalteca.
Nestlé se fundó en 1866, hace 160 años, por el farmacéutico alemán Henri Nestlé, quien en un contexto de escasez de alimentos desarrolló la primera fórmula láctea infantil. Actualmente, Nestlé comercializa más de 2,000 marcas en más de 180 mercados alrededor del mundo.
