Gobiernos, aeropuertos e industria aprendimos que trabajando juntos, con estrategias complementarias, podemos superar hasta las crisis más difíciles. Un ejemplo de esto es que tempranamente en la pandemia implementamos protocolos de bioseguridad y procesos estandarizados, coherentes y mutuamente aceptados tanto del lado de los países, como de los aeropuertos y las aerolíneas, que hicieron siempre atractiva la experiencia de viajar. La aviáción confirmó así que sigue siendo el modo más seguro de transportarse y que no es vector de contagio para la enfermedad. Así se generó confianza, la genté comenzó a viajar y se aceleró la recuperación y el crecimiento. Ahora el desafío es diferente, para superar la nueva crisis internacional que impacta a la región con elevados costos del petroleo y los combustibles, necesitamos potenciar las economías lo más rápido posible para generar empleos y derrama económica intensamiente en la mayor parte de sectores y niveles de la sociedad, especialmente en las economías locales. Y aquí, de nuevo, el transporte aéreo será un sustentador determinante.
Para lograr este efecto, de nuevo algunas tareas corresponden a los gobiernos y otras a la industria área. Los congresos y reguladores deben modernizar la normativa del transporte aéreo para hacer posible la automatización de procesos, permitiendo así autorizaciones ágiles y en línea para cambios en rutas, itinerarios, tarifas, ofertas y frecuencias, e incluso en la renovación de licencias y algunos permisos, tal como se hace en los países más avanzados. También deben reconocer las nuevas realidades del transporte aéreo, incluyendo normas que permitan potenciar el transporte áreo de bajo costo, como una nueva forma de viajar accesible a todos.
Por su parte, los gobiernos deben formalizar políticas públicas de cielos abieros, reales y efectivas, que hagan posible que las operaciones dentro de la región sean tratadas como verdaderos “vuelos domésticos”, eliminando requisitos y trámites innecesarios para desplazarse dentro de la región, logrando una real integración económica y social en nuestra región. Finalmente deben reducirse los impuestos y tasas de salida de muy diversa índole que se trasladan a los boletos aéreos, los cuales se cargan directamente al pasajero, y que hoy rondan los US$50.00 por país (aprox. US$100.00 en un vuelo redondo), los cuales representan más del 60% del costo de los boletos.
Estos impuestos no deberían de ser superiores a los US$15.00 por país, si tenemos presente que la demanda de viajes es elástica y muy sensible a los costos. La derrama económica que generarían más y nuevos viajeros frecuentes sería inmensamente superior a las pobres recaudaciones fiscales actuales. Del lado de las aerolíneas el compromiso debe de ser por incorporar flotas modernas y ecoeficientes, que reduzcan considerablemente el consumo de combustible y los efectos en el medio ambiente. Procurar el máximo aprovechamiento de sus flotas, permitir a los pasajeros seleccionar la forma en que desean viajar y bajar así considerablemente las tarifas hasta niveles de US$60.00 dólares por segmento de vuelo en viajes centroamericanos, incluyendo impuestos, para incrementar demanda y lograr que más personas viajen con más frecuencia dentro de la región, gastando mucho menos en el transporte y mucho más en los destinos. El efecto inmediato será un incremento sustancial de viajeros desplazándose en Centroamérica, trabajando en varios países y haciendo turismo multi destinos. Esta sí será una estrategia público - privada intensiva en empleo y en derrama económica, en la que todos ganan: los consumidores, los sectores vinculados al turismo, los países, las economías locales y la industria aérea. Sólo así, mediante un esfuerzo conjunto cerraremos el círculo virtuoso de la aviación en beneficio de todos los países y personas.