El desgaste psicológico en la población activa no se distribuye de manera uniforme ni afecta únicamente a los extremos de edad, sino que encuentra su mayor concentración en los trabajadores de entre 40 y 49 años. Así lo revela un macroestudio epidemiológico elaborado por la Unidad Epidemiológica de Quirónprevención con datos recopilados entre 2022 y 2025.
El análisis, sustentado en las respuestas de más de 118.000 profesionales expuestos a riesgo psicosocial, detalla que la afectación psicoemocional en el ámbito laboral mostró una tendencia al alza, pasando del 14,94 % en 2024 al 19,96 % en 2025 al medir síntomas recientes de ansiedad y depresión. La mayoría de los casos registrados corresponden a intensidad leve (14,66 %), seguidos por niveles moderados (3,52 %) y graves (1,78 %).
Al segmentar los datos por grupos de edad, la franja de 40 a 49 años encabeza el nivel de afectación con un 30,43 %, seguida por el grupo de 50 a 59 años con un 24 %. Los especialistas atribuyen esta concentración al momento vital del trabajador, donde confluyen simultáneamente las mayores exigencias económicas, familiares y de consolidación profesional.
«El esfuerzo principal en los puestos de trabajo actuales ya no es físico, sino cognitivo. La toma constante de decisiones y la gestión de información compleja generan una carga mental que, si es excesiva o prolongada, desencadena el desgaste», explicaron los doctores Antonio Moreno y Juan Pedro Portell, autores del informe.
Factores extralaborales y la nueva carga cognitiva
Uno de los hallazgos más relevantes del informe es la frontera entre las causas del malestar. El estudio detectó que el 16,86 % del desgaste psicológico se atribuye a factores externos al trabajo —como preocupaciones familiares, financieras o sociales—, mientras que solo el 1,41 % se vincula de manera directa y exclusiva a causas originadas dentro del entorno laboral.
Esta diferencia evidencia que, si bien la empresa no siempre es el origen del malestar, el ámbito de trabajo funciona como un escenario donde detonante y sintomatología se manifiestan con mayor fuerza.
Estrategias corporativas y prevención integral
Frente a la presión competitiva y la transformación digital del mercado, el informe resalta que las empresas constituyen espacios idóneos para la intervención precoz y la prevención. Las medidas recomendadas no buscan eliminar la exigencia profesional, sino equilibrar las demandas con los recursos organizativos disponibles.
Entre las líneas de acción prioritarias sugeridas por los investigadores destacan:
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Gestión de cargas y roles: ajustar los volúmenes de trabajo, definir funciones con claridad y fomentar la participación de los empleados en la toma de decisiones.
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Liderazgo y desconexión: promover estilos de gestión saludables y respetar estrictamente los tiempos de descanso, erradicando la cultura de disponibilidad permanente.
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Integración del contexto personal: considerar en los sistemas de prevención los factores extralaborales que merman la capacidad de respuesta de las personas.
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Entornos de confianza: crear espacios donde los colaboradores puedan expresar su malestar psicoemocional de forma temprana sin temor a repercusiones en su carrera profesional.
