Los hogares salvadoreños receptores de remesas viven en general mejor que aquellos que no reciben estas ayudas: tienen menos deficiencias en la vivienda, alcanzan un nivel superior de estudios y acumulan más activos, concluye una investigación del Banco Central de Reserva (BCR).

El estudio revisa cómo la migración está estrechamente vinculada a la llegada de remesas, y cómo estas a su vez se convierten en una red de protección social privada y de sustento para las familias.

Para esto, el BCR utilizó el modelo de emparejamiento por puntaje de propensión (PSM, por sus siglas en inglés), con el cual buscó identificar las principales diferencias entre los hogares que reciben remesas y aquellos que no en aspectos como vivienda, acumulación de activos, inversión en educación y participación laboral. Para esta investigación, se utilizaron los resultados del Censo de Población 2024 y de la Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples (EHPM).

De acuerdo con los resultados, los hogares que reciben remesas reducen en promedio una deficiencia cualitativa de la vivienda, es decir, necesitan menos reparaciones, acabados o materiales.

Además, el estudio identificó que los hogares receptores cuentan en promedio con 1.89 activos duraderos adicionales que las familias que no reciben, como mayor adquisición de electrodomésticos, servicios de comunicación o transporte.

Para el Censo de Población 2024 se utilizó una lista de 15 tipos de activos. Según los resultados de la investigación, los hogares receptores de remesas registran en promedio 6.2 activos, mientras que el resto de familias tienen un promedio de 4.3 activos.

“Los hallazgos sugieren que las remesas facilitan la adquisición y acumulación de bienes de largo plazo que fortalecen la resiliencia económica y las capacidades materiales de los hogares salvadoreños”, indica el reporte.

Más educación y mejora laboral

En educación, el reporte del BCR señala que las familias receptoras de remesas alcanzan una tasa de asistencia escolar al 69.9 %, en un rango de tres a 24 años, frente al 62.8 % de quienes no tienen estas ayudas.

De igual manera, el estudio encontró que las jefas de hogar receptor trabajan casi tres horas semanales menos, de 23.8 horas en promedio contra las mujeres que no tienen remesas, de 26.8 horas.

El estudio señala que las jefas de hogar receptoras declaran que saben utilizar 2.21 tecnologías, de un rango de cero a seis. Esta tasa es superior en relación con quienes no reciben, de 1.80 tecnologías.

Sin embargo, la participación económica disminuye en 2.3 puntos porcentuales. De esa manera, los hogares receptores que se encuentran en el mercado laboral representan 49.4 %, contra el 51.7 % que interactúan quienes no reciben dichas ayudas.

Además, los hogares remeseros tienen un índice de mayor dependencia económica, del 57.9 %, mientras que el resto de familias ronda del 56.8 %.