Cuando en 1985 comenzamos a estudiar la licenciatura en Periodismo en la Facultad de Ciencias y Humanidades de la Universidad de El Salvador (UES) éramos 180 estudiantes de nuevo ingreso en la carrera, de los cuales ni la tercera parte logramos culminar en seis años los estudios (tesis incluida). Algunos se graduaron después de más de una década de estudios, porque no iban a tiempo completo o porque aplazaban alguna asignatura. Hubo quienes dejaron de estudiar por diferentes factores. La mayoría no se graduó.

Para entrar a la UES nos sometimos a una evaluación psicológica y de aptitudes. Los aspirantes a estudiar Periodismo superábamos los 500, pero se supone que sólo escogieron a los que teníamos aptitudes y mejores notas de bachillerato. Aún así, la cantidad fue grande, pero era porque la UES venía de un cierre y necesitaba masificar los ingresos en todas sus facultades para justificar la necesidad de su existencia en un contexto político, económico e ideológico. En 1985 éramos más de 40 mil estudiantes en las diferentes carreras ofrecidas por la UES en sus ocho facultades y sus tres sedes regionales,

En mi caso comencé a impartir clases en calidad de instructor en 1989 y ya como catedrático en 1990 y siempre tuve problemas con los grupos masivos de nuevo ingreso, donde el porcentaje de alumnos aplazados era grande, a pesar que se habían sometido a examen para estudiar la carrera. Aprendí a conocer a los estudiantes que iban a culminar la carrera y a quienes se iban a quedar a medias, por falta de aptitud, vocación o porque en definitiva lo suyo no era el estudio.

Siempre sostuve y lo sigo sosteniendo que la Universidad de El Salvador no es para los pobres o ricos, pues debe ser para los mejores y que a los mejores que no tienen posibilidad de estudiar por su nivel de pobreza, hay que garantizarle el acceso a través de una beca completa que incluya alimentación, residencia, implementos de estudios y las mejores condiciones para que desarrolle todo su potencial y una vez graduado que brinde su aporte al desarrollo de la nación.

Antes de los 80 la universidad contaba con residencias estudiantiles donde vivían los estudiantes becados y los del interior del país. Se les daba estipendio para sus gastos básicos de alimentación y estadía. Los cierres militares obligaron al cierre de las residencias y las posteriores diferentes autoridades de la UES jamás tuvieron en sus planes reabrirlas.

Quienes aspiran a ser estudiantes de la UES deben someterse a exámenes, de tal manera que supuestamente se seleccionan a los mejores para cada carrera que se ofrece. Los hijos de los empleados  docentes y administrativos tienen acceso automático, lo cual me parece que va en detrimento de lo justo y democrático, pero así son las cosa y son derechos ganados por la lucha sindical, la cual me parece aceptable aunque no comparto la misma.

La semana pasada se conoció que el Sindicato de empleados de los Trabajadores de la Universidad de El Salvador (SETUES) exigió a las autoridades de la UES  anular el examen de admisión de Nuevo Ingreso e implementar una política de «puertas abiertas e ingreso masivo».  Es decir, volver a la época del pleno conflicto armado cuando política e ideológicamente era necesario masificar el ingreso universitario, para justificar una lucha social y la formación de cuadros ideologizados o manipulados con fines alienantes.

El sindicato sostiene que su petición es por la baja sensible en los registros de aspirantes, ya que en años anteriores hubo hasta 24 mil y este año solo 12 mil registros, lo cual afirman afectaría a  jóvenes de escasos recursos que terminan buscando opciones en la educación privada.

El sindicato tiene razón en cuanto a la baja de aspirantes, pero la solución no está en suspender la prueba de admisión, sino en exigir una actualización generalizada de los pensum académicos, así como la apertura de nuevas carreras que la sociedad demanda con base a los tiempos modernos. Hay carreras saturadas, cientos o miles de jóvenes que obtienen un título y no pueden trabajar en su profesión porque el mercado ya está saturado o porque sencillamente se acabó la oferta laboral, no obstante, hay necesidades que no son cubiertas por la UES formando profesionales en esas áreas. Entonces el sindicato debe exigir que la universidad responda a las necesidades de la sociedad, pero no eliminar los procesos de admisión, lo cual es una deficiencia académica.

Según el sindicato, la UES cuenta con la  infraestructura idónea para albergar a más estudiantes, además, cuenta con los procedimientos de ley para exigir o gestionar recursos ante el Estado. Esto también es cierto, pero insisto el problema es que no se ha efectuado un análisis de lo que la universidad ofrece y la sociedad demanda. Hay carreras que deben cerrarse y otras que deben abrirse.

Los empleados agrupados en el Sindicato también piden  a las autoridades universitarias transparentar  el programa de becas, ya que denunciaron que hay becarios sin pago desde julio pasado. Por supuesto la UES debe ser transparente y rendir cuentas ante los salvadoreños en general y ante su comunidad y si hay atrasos en el traspaso de los fondos del Estado a las arcas de la UES; pues cabe hacer la denuncia pública, pero si hay algún error administrativo o alguna acción corruptiva, igual debe poner en la palestra pública dicha situación y proceder conforme a la ley.

Como profesional que estudié y me gradué de la UES donde tuve el privilegio de impartir clases, creo que la solución no es volver a los ingresos masivos, porque la UES debe ser gratuita para los mejores sin importar su clase social. A los pobres hay que estimularlos con becas completas. Por su naturaleza académica, investigativa  y de proyección social la UES está obligada a diversificar y actualizar  su propuesta de oferta de carreras para contribuir al desarrollo nacional.

*Jaime Ulises Marinero es periodista