Doblegado en los penaltis de la final de la Copa del Rey, el Atlético de Madrid empezó a perder el duelo por sus sectores más vulnerables, entre la debilidad de sus laterales, su reincidencia defensiva, dos indecisiones de Juan Musso y una primera parte lejos de las expectativas.

“Hemos ido a remolque todo el partido”, insistió Koke Resurrección, el capitán del Atlético, en cada una de sus declaraciones al término del encuentro, entre TVE, Movistar y la zona mixta del estadio La Cartuja, por detrás en el marcador en 14 segundos, en una jugada extraña, que implica falta de concentración, desajustes y, sobre todo, una carencia de contundencia en el área.

No sólo fue el cabezazo final de Ander Barrenetxea, ganador del salto con sus 175 centímetros de altura sobre Matteo Ruggeri, que ni se impulsó pese a su 1,87. Doce centímetros de diferencia. Ni tampoco la mala colocación de Musso, con un paso de más, sorprendido por el testarazo, pero también superado por una posición errónea, con la que no alcanzó a despejar el balón. Es todo el desarrollo de la jugada, cuando ni Nahuel Molina ni Giuliano Simeone lograron despejar el pelotazo aéreo ni el bote también antes.

“Creo que pudimos haber resuelto mejor los dos goles que tuvimos”, apuntó el propio técnico. El segundo de los tantos fue por un penalti de Musso, cuya salida a destiempo se llevó por delante a Gonçalo Guedes en una falta lejana lanzada por Carlos Soler hacia dentro del área. Fundamental en toda esta Copa del Rey y en el pase a semifinales de la Liga de Campeones, el portero argentino no tuvo su día en la final, pese a rehacerse con una buena parada en la prórroga y en un penalti de la tanda.

Entre las dificultades de sus laterales, Molina y Ruggeri, para parar a Gonçalo Guedes y Ander Barrenetxea (también para responder con avances hacia adelante en ataque), los centrales Marc Pubill, sobre todo, y Robin Le Normand se sostuvieron firmes para limitar las ocasiones de la Real Sociedad, que remató seis veces a portería.

La defensa ha preocupado a Simeone durante toda la temporada. Siempre ha incidido en recuperar la firmeza atrás de otros tiempos en la medida que ha mejorado en la faceta ofensiva en el transcurso de la campaña. “Tenemos más futbolistas de ataque, con buen juego ofensivo y el equipo evolucionó muchísimo en esa faceta”, expresó hace dos meses sobre su conjunto, que ya ha marcado 105 goles en la presente temporada.

“Todos los equipos cuando atacan mejor defienden peor (…) Yo creo que estamos en un proceso de atacar mejor de lo que defendemos”, explicó hace una semana y media el técnico, justo antes de afrontar la eliminatoria de la Liga de Campeones contra el Barcelona, cuyo partido de ida (0-2) en el Camp Nou es el único imbatido de los últimos siete del equipo rojiblanco. En esa secuencia ha recibido 14 tantos, dos de media por choque.

También es el único que sostuvo su portería a cero como visitante en sus últimos cinco compromisos lejos del estadio Metropolitano. En total, el Atlético ha dejado su marco a cero, entre los encuentros que ha jugado Jan Oblak y los que ha disputado Juan Musso, en dieciséis ocasiones a lo largo de 53 encuentros ya de esta campaña. Un 30,1 por ciento.

Es uno de sus datos de más fragilidad de la era Diego Simeone. Sólo lo empeora el 29,6 por ciento del curso 2023-2024 (16 duelos imbatido de 54 disputados) a lo largo de los catorce años del técnico al frente del equipo en un curso entero. Y está muy lejos de su mejor registro en ese aspecto con el entrenador argentino: el 61 por ciento de 2015-2016.

Además, el Atlético ha recibido 66 goles en 53 encuentros esta campaña. Es una media de 1,24 por partido. Sólo es peor el 1,25 de 2023-2024. Nada más. El resto están por debajo: 0,94 en 2024-2025; 0,93 en 2022-2023; 1,11 en 2021-2022; 0,77 en 2020-2021; 0,8 en 2019-2020; 0,86 en 2018-2019; 0,61 en 2017-2018; 0,77 en 2016-2017; 0,54 en 2015-2016; 0,76 en 2014-2015; 0,72 en 2013-2014 y 0,76 en 2012-2013.

Sólo en 2023-2024 había encajado más goles que ahora, 68 en 54 duelos por los 66 en 53 partidos de ahora. Ni en 2012-2013 (43 en 56); ni en 2013-2014 (44 en 61); ni en 2014-2015 (43 en 56); ni en 2015-2016 (31 en 57); ni en 2016-2017 (45 en 58); ni en 2017-2018 (36 en 59); ni en 2018-2019 (44 en 51); ni en 2019-2020 (40 en 50); ni en 2020-2021 (37 en 48), ni en 2012-2022 (57 en 51); ni en 2022-2023 (46 en 49); ni en 2024-2025 (55 en 58).

Es un dato para la alerta, sobre cuando se aproxima el Arsenal en las semifinales de la Liga de Campeones. Un equipo sólido en defensa, con el que se presupone que la eliminatoria estará en la parte de atrás, porque el conjunto londinense apenas concede con William Saliba y Gabriel Magalhaes como dos centrales de sumas garantías.

Cuando el Atlético no lo contrapone con pegada, como ocurrió en la final de la Copa del Rey, sale como resultado el desequilibrio.

“El partido era a los 90 (minutos). Era el gol de Johnny, el gol de Baena. Desgraciadamente, se fueron por muy poco las dos jugadas. Fueron muy buenas las dos, pero esta vez esa contundencia que se necesita la tuvieron ellos y nosotros no”, contestó Simeone, cuyos goleadores fueron Ademola Lookman y Julián Álvarez, con el 1-1 en el minuto 19 y el 2-2 en el 83, respectivamente.

Al extremo nigeriano, el mejor en ataque de la primera hora de partido, lo cambió sobre el minuto 60. “Porque entendía que, con Sorloth jugando ahí de ‘9’, podíamos tener más situaciones de gol y que Julián podía cumplir lo que estaba haciendo Lookman y posteriormente Baena, que lo tiramos más a la izquierda. Entendí el cambio de esa manera”, explicó el técnico argentino tras la final de Copa, entre las grietas defensivas.