“Después de dos años de haber realizado recorridos semanales en grupo, atravesando el centro en sus cuatro rumbos, puedo afirmar que he experimentado una disminución en mi sensación de inseguridad. No sé si es algo real o es simplemente el hecho de que ya me acostumbré a su olor, pero lo cierto es que me siento menos inseguro; sin embargo, debo reconocer que a medida que uno se aleja del denominado “microcentro”, la sensación de inseguridad va aumentando”, comentó Figueroa sobre su experiencia en el proceso de capturar las imágenes sobre este lugar que cuenta con elementos culturales importantes.
Su muestra pretende ser una invitación a los espectadores a acercarse, de manera paulatina y de preferencia en grupo, al Centro Histórico, por supuesto, manteniendo siempre los ojos bien abiertos.
“Hacer fotografías del Centro con una cámara de rollo (fotografía analógica) me ha permitido ver con mayor detenimiento las microhistorias, los personajes y los detalles que a diario pasan inadvertidos por la mayoría de visitantes”, expresó el fotógrafo y detalló: “Como en la química de la fotografía, en la que se pasa de una imagen negativa a una imagen positiva, no pierdo la esperanza de que nuestro Centro Histórico, algún día, salga de ese “cuarto oscuro” en el que parece estar atrapado sin salida y podamos todos descubrir esas microhistorias, esos personajes y contemplar esos detalles, de manera presencial y no por medio de una exhibición fotográfica como ésta, que no le hace justicia a la belleza y grandeza del corazón de El Salvador”.
La exposición se compone de 16 fotografías, tomadas con tres diferentes cámaras de rollo (Leicaflex SL-año 1968, Yashica FX-2-año 1976 y Yashica FR-1-año 1978) y con tres tipos de películas fotográficas en blanco y negro (Fomapán, Ilford HP5 Plus y Kodak Tmax, todas en ASA 400). Los negativos han sido positivados y digitalizados mediante un escáner y las imágenes han sido impresas en papel fotográfico, a partir de esos archivos digitales.
