El bordado es un oficio que ya no se practica como antes, pero para las mujeres en el municipio de Panchimalco se ha convertido en el camino para elaborar bellas prendas y generar ingresos.
María Elena Carrillo aprendió el oficio de bordadora cuando apenas tenía 14 años. La técnica del panal y punto cruz son habilidades que ha manejado desde corta edad.
Con el paso de los año, comenzó a trabajar en una maquila, sin embargo, la vida la obligó a dejar su trabajo y a formar parte de la Asociación de Cooperativa de Producción Industrial, Comercialización y Aprovisionamiento de Bordados de Panchimalco de Responsabilidad Limitada (Acopanchi de R.L.).
Carrillo, al igual que otras 14 mujeres en la cooperativa, utiliza sus manos y paciencia para elaborar productos como camisas bordadas, paños, mantas, guayaberas, bufandas y camisas artesanales. También hace carteras y bolsos, todos con precios que van desde los $13 hasta los $75.
“En un principio, nosotras hacíamos el bordado a domicilio para las empresas, pero luego por los pagos de los bordados, que bien bajo el costo, decidimos formarnos entre varias mujeres”, relató.
Hace cuatro años, Acopanchi inició un camino lleno de retos y logros que ha impactado a todas sus socias, por ejemplo, siguen formándose a pesar de tener experiencia en el área.
Incluso, dentro de la cooperativa, Carrillo aprendió a utilizar el telar de cintura, y a bordar en liso.
Las dificultades.
La pandemia del covid-19, que provocó que muchos emprendimientos pararan o que incluso cerraran, no impidió que estas mujeres siguieran trabajando y, aunque las ventas se redujeron, siguieron adelante.No obstante, en plena recuperación de la pandemia, detectaron un nuevo desafío: las materias primas que utilizaban comenzaron a aumentar.
La bordadora explicó que la tela de manta incrementó un 90 % en un año, al pasar de costar $2.75 a $4.75 la yarda, mientras que la lana registró un aumento del 80 % y ahora cuesta $4.50.
Las agujas y el aceite que utilizan las máquinas de coser también despuntó, e incrementaron 75 % y 5.1 %, respectivamente. Las salvadoreñas compran a $1.75 el paquete de agujas y a $20.50 el galón de aceite.
“La gente pues como todo bien caro, y nos dicen ‘no nos pueden rebajar’, pero cuando uno ha podido sí, pero como a veces uno tiene que pagar IVA también es difícil”, indicó Carrillo sobre la merma de los clientes.
Iniciar un emprendimiento no es fácil en El Salvador, pero la permanencia, a pesar del alto costo de producción, se vuelve un desafío diario para entidades como esta cooperativa, que asegura se necesita apoyo para que continúen ganando lugar en el mercado.
Planes de expandirse.
La meta de las bordadoras de Acopanchi es poder comercializar sus productos en puntos estratégicos, como tiendas, e incrementar su participación en ferias de emprendedores, así como suban los pedidos.Mientras ese objetivo se alcanza, estas mujeres seguirán cosiendo y vendiendo sus productos en las instalaciones de la cooperativa, cerca del parque Escultórico de Panchimalco, en las cercanías del Restaurante Puerta del Sol.
A sus 39 años, Carillo seguirá, junto a sus compañeras, llevando parte del sustento a sus hogares y compartiendo parte de su experiencia a través de cada costura.
