La Fundación Salvadoreña para la Salud y el Desarrollo Humano (FUSAL), un brazo filántropo de Grupo Poma, celebró este viernes 40 años de legado en El Salvador, donde lidera programas de asistencia humanitaria, primera infancia y educación.

FUSAL, creada en 1986 por un grupo de empresarios liderados por Luis Poma, canaliza ayuda para las comunidades salvadoreñas más vulnerables para que rompan el círculo de la pobreza. El apoyo de la fundación ha sido clave en diferentes momentos de desastres, como el huracán Mitch de 1998, los terremotos de 2001 o la pandemia de 2020, sostuvo Alejandro Poma, presidente de FUSAL.

«Hemos sabido adaptarnos a las necesidades del país sin perder de vista nuestro propósito: poner las capacidades empresariales al servicio del desarrollo humano y trabajar junto a las comunidades para generar oportunidades que mejoren sus condiciones de vida», añadió.

La gestión de FUSAL radica en cuatro pilares: primera infancia, calidad educativa, ayuda humanitaria y desarrollo local.

Uno de sus programas más emblemáticos es Ayuda Humanitaria, que gestiona respuestas en emergencias o crisis humanitarias. Según la fundación, ha canalizado cerca de $1,000 millones en medicamento, insumos médicos, alimentos, equipamiento educativo y artículos de primera necesidad para centros de salud y organizaciones humanitarias.

Fotografía compartida por FUSAL, creada por Luis Poma en 1998.

«Las cifras no son suficientes para dimensionar la diferencia que marca el acceso a un medicamento, a una cama de hospital o un kit de higiene especial», añadió Poma.

Bajo este programa, en 2020, en medio de la emergencia por el covid-19, se unió junto a empresas para un Fondo de la Solidad, que movilizó $2.1 millones para apoyar al personal médico.

FUSAL tiene incidencia en 223 comunidades y beneficia a 100,000 personas cada año. Además, articula 600 voluntarios en espacios educativos para la niñez.

FUSAL canaliza ayuda de organismos o empresas para programas de asistencia en comunidades vulnerables. /Fotografía de FUSAL

«Para FUSAL, generar impacto significa mucho más que responder a una necesidad inmediata. Significa trabajar junto a las comunidades, escuchar sus realidades y fortalecer sus capacidades para que los cambios puedan permanecer en el tiempo», agregó Karla Segovia, directora ejecutiva de FUSAL.

También tiene un programa de lectura, en el cual el 91 % de la niñez atendida ha mejorado sus competencias lectoras, comprensión y fluidez.

El programa Primera Infancia reporta que el 59 % de las comunidades atendidas están libres de desnutrición, mientras que el área de Desarrollo Local ha logrado mejoras de hasta 3.6 puntos en el Índice de Progreso Social.

FUSAL señaló que cada año canaliza $32 millones en donaciones que se destinan a la atención de enfermedades crónicas y los servicios de salud, así como calidad de vida de poblaciones vulnerables y brindar una respuesta oportuna ante emergencias.