Lo que no contaba el régimen chavista es que la oposición tendría las actas y demostraría contundentemente su victoria arrolladora. No hay dudas que Edmundo González Urrutia es el presidente electo y que el pueblo venezolano votó por él, harto de la dictadura chavista que ha sumido en la pobreza y el exilio a su gente y ha acabado con la democracia y la libertad.
Hay que admirar al pueblo venezolano, valiente y aguerrido, que sigue en las calles reclamando el respeto a su voluntad, hay que destacar la figura inclaudicable de María Corina Machado, cuya valentía es inspiradora para toda América Latina.
Ningún gobierno que se precie de decente puede reconocer a Maduro. Al contrario, el aislamiento y la denuncia es lo que corresponde.
Ahí que se quede Maduro aupado solo por dictadores como los de Cuba o Nicaragua, por regímenes autoritarios como los de Rusia y China o por partidos retrógrados e incoherentes como el FMLN. Lo que el gobierno de Nayib Bukele ha hecho es lo correcto: denunciar el fraude y mantener congeladas las relaciones con esa oprobiosa dictadura.