Este domingo, más de seis millones de salvadoreños estamos habilitados -tanto en el país como en el exterior- para acudir a las urnas y ejercer el derecho más evidente de la democracia representativa, un sistema político que, aunque imperfecto, ha probado ser el mejor sistema político contemporáneo.

Ejercer el voto no solo es un derecho fundamental sino una obligación para mantener nuestro sistema democrático, para exigir cambios y mejorar el rumbo del país. Opciones hay para nuestras preferencias políticas y afinidades personales y esa es la riqueza de la democracia.

Es importante participar en las elecciones, apreciar la democracia y la posibilidad de premiar o castigar a los candidatos que se postulan. El Salvador ha tenido elecciones limpias desde mediados de los 80 y la población siempre ejerció su voto con valentía a pesar de todas las dificultades que se han enfrentado en la historia reciente y así debe seguir sucediendo.

Como ciudadanos tenemos derecho de exigir una elección limpia, transparente y sin lugar a dudas. Esa es responsabilidad del Tribunal Supremo Electoral que debe cumplir con eficiencia y transparencia sus obligaciones, con la mesa pareja para todos los participantes.

También debe ser una obligación de los partidos políticos de respetar al adversario y aceptar los resultados que decida el pueblo.

Nuestro llamado es que el ciudadano vote, acuda a ejercer su derecho y escoja un mandatario que pueda enrumbarnos correctamente por un camino de prosperidad, armonía, seguridad y paz; que respete toda corriente de pensamiento de la sociedad salvadoreña y que vele por los intereses de todos los ciudadanos.