La intensificación de los controles antidoping en esta época es un paso necesario y acertado por parte de las autoridades. Sin embargo, estas medidas deben ir acompañadas de estrategias a largo plazo que fomenten la educación vial y la concienciación social. Es preocupante que, a pesar de las campañas y los esfuerzos de las instituciones, el número de conductores ebrios siga en aumento. Esto plantea preguntas sobre la efectividad de las sanciones existentes y el alcance de las campañas de sensibilización.
Las festividades no deben convertirse en excusa para el comportamiento imprudente. El acto de conducir bajo los efectos del alcohol no solo pone en peligro la vida del infractor, sino también la de otros usuarios de las vías. La sociedad debe asumir un compromiso colectivo para erradicar esta conducta, denunciando y evitando estas situaciones, y adoptando alternativas responsables, como el uso de transporte público o servicios de conductor designado.
El incremento en las detenciones debería ser un llamado de atención para fortalecer tanto las políticas de control como la educación ciudadana. Las estadísticas no deben ser solo números; detrás de cada infracción hay un potencial accidente que podría cobrar vidas. La responsabilidad vial no es solo una obligación legal, sino un acto de empatía y respeto hacia los demás.