La tradición cultural y religiosa de nuestro país conmemora hoy el Día de los Santos Difuntos. Se recuerda y ora por aquellos que han fallecido, se les visita en los cementerios, se conmemora la vida de aquellos que se nos adelantaron.

Se dice que la muerte no nos roba a los seres queridos sino que al contrario, nos los resguarda e inmortaliza en el recuerdo. Muchos lloran el recuerdo de esos seres queridos que partieron, otros celebran su vida con los buenos momentos compartidos.

El origen del Día de los Fieles Difuntos se encuentra en el año 998, cuando fue instituido por el monje benedictino San Odilón de Francia. La conmemoración luego fue adoptada por Roma en el siglo XVI y a partir de entonces comenzó a rememorarse entre los católicos de todo el mundo. Luego en América se fusionaría con las culturas autóctonas prehispánicas de Mesoamérica que tradicionalmente rendían culto a la muerte.

Vale la pena reflexionar en cómo los años recientes en cómo la violencia primero y luego la pandemia nos arrancó la vida de seres queridos de una manera repentina, incluso de maneras poco dignas por las circunstancias.

En días como este se piensa también en seres queridos que están desaparecidos, ya sea por el fenómeno de la violencia criminal o de la migración, hechos que acumulan dolor, angustia, indignación y demanda demasiadas respuestas y sobre todo justicia.

Este día también debe rendir homenaje a los ausentes, a su legado personal y familiar, debe ser un día también para orar y abogar para que El Salvador siga por los senderos de paz y armonía que tanto necesita.