Menospreciados durante mucho tiempo, los manglares de la isla francesa de Guadalupe en el Caribe vuelven a ser objeto de cuidados ante el desafío del cambio climático y la pérdida de biodiversidad.

Estas áreas naturales crecen en el límite entre el mundo terrestre y el marino y juegan un papel esencial para la mayoría de los otros ecosistemas.

Sin manglares no tenemos corales y no tenemos pastos marinos, y viceversa. Y sucede lo mismo con la parte terrestre: los manglares son un eslabón con ríos, estanques...".

Angeline Lollia,
especialista de zonas húmedas tropicales de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) en Guadalupe


En 2015 se instituyó el Día Internacional de los Manglares. Cada 26 de julio se rinde homenaje a esas zonas salvajes que se encuentran entre las más amenazadas del mundo.

Más del 35% de los manglares han desaparecido en 20 años en el planeta, según un informe de 2019.

El archipiélago de Guadalupe, que incluye los manglares más grandes de las Antillas Menores, no es una excepción.

"Tenemos unas 3,000 hectáreas de manglares", algunos bien preservados en parques nacionales, pero otros amenazados por la urbanización.

Es un problema tanto de cantidad como de calidad, porque "un manglar degradado deja de cumplir adecuadamente con sus funciones", explica.

Vivero y barrera

Las amenazas a los manglares son numerosas y casi todas relacionadas con el hombre, la urbanización y la agricultura.

La contaminación es un gran peligro. El manglar, con su densa vegetación y raíces enredadas que se sumergen en el mar, recupera muchos desechos.

Los residuos vegetales no son un problema, porque los puede descomponer, pero "un manglar no puede descomponer una lavadora, una llanta o una bolsa de plástico", recuerda Lollia.

Además persiste un componente cultural: la creencia de que son lugares peligrosos o mágicos, que deben ser evitados o destruidos.

Esta percepción ha ido cambiando desde principios de la década de 2000.

"La población ha tomado conciencia de la importancia de los manglares", en particular por su "papel de barrera" frente a los ciclones, explica la experta.

Y el manglar no es solo eso: protege las costas contra el oleaje y la erosión, depura aguas, es un vivero de peces, un hábitat esencial para aves y crustáceos...

Y es un regulador natural infalible del nivel del agua.

Permite "reducir las inundaciones", lo que supone "un servicio increíble (...) mucho más eficaz que un dique", subraya Médhy Broussillon, delegado adjunto del organismo francés de conservación del litoral.

Reconstitución

Como sucede con los bosques, los manglares tienen "capacidad de almacenar carbono", indica este experto.

"Capturan nuestras emisiones de gases de efecto invernadero y, en última instancia, nos permiten mitigar el impacto del cambio climático", agrega.

Como muchas otras islas, Guadalupe también es particularmente vulnerable a la subida del nivel del mar.

La parte más poblada de su territorio, alrededor de Pointe-à-Pitre, se encuentra a menos de 80 cm sobre el nivel del mar.

Ante estas amenazas, se multiplican las iniciativas para intentar salvar o reconstruir los manglares de Guadalupe.

Un ejemplo es la iniciativa "Ja-Riv", situada en Jarry, un territorio en el centro de la isla que se ha convertido en la tercera zona industrial más grande de Francia, en detrimento del bosque húmedo.

Desde 2016, "Ja-Riv" intenta recuperar los terrenos que ocupaban las fábricas para devolverlas a la naturaleza.

Ya se han reconstituido cuatro hectáreas de manglares.

"Ante el cambio climático, todas las soluciones son buenas", subraya Bruno de Gasquet, director de la concesionaria de automóviles "Cama Premium", que participa en la operación. Y el manglar "es una de las mejores", subraya.