El presidente de Francia, Emmanuel Macron, anunció este domingo nuevas medidas de seguridad para contener los disturbios que afectan a varias ciudades del país, después de una jornada de protestas masivas contra el elevado costo de la vida. En un discurso televisado de diez minutos, el mandatario condenó los saqueos y ataques contra establecimientos comerciales y edificios públicos.

«Esta noche todos sentimos ira y vergüenza», afirmó.

Macron atribuyó los episodios violentos a grupos de extrema izquierda y delincuentes, aunque pidió distinguir entre quienes participaron en los ataques y los ciudadanos que salieron a manifestarse por demandas legítimas. Las protestas del sábado reunieron a 550,000 personas, según el Gobierno, mientras los organizadores calcularon una participación superior a 800,000 manifestantes.

El mandatario solicitó al ministro del Interior, Laurent Nuñez, revisar la gestión de las fuerzas de seguridad durante las movilizaciones y garantizar transparencia sobre sus actuaciones.

«Espero respuestas claras», manifestó. También anunció que los prefectos podrán prohibir determinadas concentraciones para proteger edificios públicos, establecimientos comerciales y otras zonas de las ciudades afectadas.

Los daños provocados por los saqueos y actos vandálicos se estiman en cientos de millones de euros, aunque todavía no existe una evaluación definitiva.

Macron también reclamó a los partidos políticos condenar «sin ambigüedad» los actos violentos y advirtió que «el país necesita orden y calma, no una escalada». El mandatario insistió en que las diferencias políticas deben resolverse mediante el diálogo y las instituciones democráticas.

Para atender las demandas ciudadanas, Macron anunció que el primer ministro, Sébastien Lecornu, convocará durante los próximos días a representantes de los partidos políticos. Posteriormente, el Gobierno sostendrá reuniones con sindicatos, organizaciones estudiantiles, autoridades locales y parlamentarios para elaborar propuestas relacionadas con las preocupaciones sociales y económicas que motivaron las manifestaciones.

El discurso recibió críticas de distintos sectores de la oposición. Jordan Bardella, presidente de Agrupación Nacional, lo calificó de «lamentable» y escribió: «Este poder cobarde y desorientado no tiene nada qué decir a los franceses y nada más que proponerles. Ni siquiera tiene fuerza para protegerles».

Marine Le Pen también cuestionó al mandatario, a quien describió como «un presidente sin crédito ni autoridad» que «ha perdido todo contacto con la realidad».

Desde la izquierda radical, Manuel Bompard, coordinador de La Francia Insumisa, consideró «irresponsable tomar la palabra para no decir nada» y exigió «una verdadera respuesta política a las reivindicaciones» de los manifestantes.

La dirigente ecologista Marine Tondelier también cuestionó el discurso y afirmó que, si participa en las reuniones convocadas por el primer ministro, será para «trabajar en soluciones a las crisis sociales, medioambientales y democráticas» y no para asistir a un «consejo de disciplina».

Pese al llamado presidencial a recuperar la calma, los enfrentamientos continuaron este domingo en París, especialmente en la plaza de la República, donde manifestantes convocados mediante redes sociales se enfrentaron con la policía. También se registraron saqueos en al menos tres establecimientos, incluidos los grandes almacenes BHV, cerca del Ayuntamiento, y un mínimo de 25 detenciones.

Hasta la tarde del domingo, el Ministerio del Interior contabilizaba 2,397 personas detenidas y 997 policías y gendarmes heridos en todo el país. La crisis ocurre cuando faltan aproximadamente seis meses para las elecciones presidenciales francesas, en medio de una creciente tensión social y política.