Ha comido sopa de arañas en Camboya, intentó probar un plato de escorpiones en Tailandia y le encantó la comida de Georgia, en el Cáucaso. Ha recorrido las ciudades destruidas por la guerra en Siria, ha sufrido por la situación de las mujeres en Afganistán y se ha impresionado de la riqueza en lugares como Luxemburgo, Mónaco o Liechtenstein.

Las aventuras de viaje de Humberto Velásquez empezaron aprendiéndose todas las capitales y todas las banderas del mundo en la librería que tenía su abuela en Cabañas. Luego, su sueño de recorrer el mundo inició a los 22 años.

Hoy a sus 36 años, Humberto Velásquez acaba de volver de su última gira por el occidente de África donde le estamparon el sello número 101 en su pasaporte salvadoreño, el número de países que ha recorrido en el mundo.

Ese país 101 fue Burkina Faso, un país sin litoral en África Occidental. Llegó ahí después de una gira de dos meses que inició en Bruselas, la capital belga, siguió por Rumania en Europa del Este. Desde ahí, se fue por África, voló a Tanzania, a Malawi y Zimbabwe llegó por tierra. De Zimbabwe salió a Nigeria a través de un vuelo vía Adis Addeba en Etiopia. De Nigeria pasó a Benin y Togo y luego a Burkina Faso.

Regresó desde Burkina Faso a Casablanca, en Marruecos, de ahí España, luego a Bogotá y finalmente San Salvador. Dos días y medio para volver.

Fue justo a su regreso a finales de enero que tuvo esta entrevista con Diario El Mundo.

En Turkmenistán, en el centro de Asia. / Cortesía
En Turkmenistán, en el centro de Asia. / Cortesía

Cómo inició.

Humberto tiene un negocio propio en el área de lingüística. Habla cuatro idiomas: inglés, español, portugués y francés, y se comunica en ruso.

“Cuando comencé a trabajar tuve el dinero para viajar y comencé a salir a Sudamérica y el Caribe, así fue evolucionando”, relata Velásquez.

Luego se fue a estudiar una maestría en Cádiz, España, y de ahí empezó sus viajes al continente europeo.

Pero “el punto de quiebre fue la India”.

“En India todo era tan diferente, de la comida, la creencia, los dioses que tienen, la calle básicamente, el tráfico con vacas, con búfalos, todo”, dice Humberto.

Aunque reconoce que a muchos salvadoreños que han visitado la India no les gusta, “para mí me pareció la cosa más maravillosa del mundo“.

Sobre un camello en Eritrea, en África. / Cortesía
Sobre un camello en Eritrea, en África. / Cortesía



“Fue un choque cultural que no supe cómo actuar, no supe cómo realmente solucionar los problemas que estábamos teniendo viajeros que estábamos haciendo las cosas solos, no en tour”, dice.

Así pudo ver los rituales de su gente, las cremaciones alrededor del río Ganges, donde queman a sus seres queridos y luego los rocían con agua y tienen su siguiente vida por el Lord Shiva, luego ver las estatuas del Kamasutra y todo eso.

Ha recorrido la mitad de Asia, 18 países africanos y gran parte de las Américas. Aún le falta Australia y Oceanía.

“Lo más lejano que he estado posiblemente fue el otro lado específico del mundo en Malasia, Myanmar por ahí. Pero en términos de dificultades, probablemente sean países como Turkmenistán, Siria, Afganistán, Sudán, países bien complicados en su realidad”, explica.

Pero las mayores dificultades para los viajes no ha sido ni el idioma, ni la comida, sino los engorrosos trámites de visa para algunos países que no tienen relación alguna con El Salvador, como Namibia, cuyos funcionarios no tenían idea dónde estaba nuestro país.

“A Nigeria acabó de ir y me costó mucho, es la visa más cara que he pagado en mi vida”, relata.

Uno de sus planes es ir al Líbano, pero nadie ha podido explicarle cómo obtener una visa. En Siria tuvo que enviar hasta su curriculum y en Turkmenistán, un régimen totalitario en Asia Central, tuvo que tomar un tour guiado obligatorio.

Al final del día siento que la mayoría de gente del mundo es buena en todos lados, el mundo ahí afuera es mucho más seguro de lo que uno se imagina”.
Humberto Velásquez, viajero salvadoreño

Frente al Taj Majal en la India. / Cortesía
Frente al Taj Majal en la India. / Cortesía



“La gente es buena”.

Tras recorrir 101 países, Humberto Velásquez cree que la gente es esencialmente buena en todo el mundo, aunque ha encontrado gente hostil también.

“Al final del día siento que la mayoría de gente del mundo es buena en todos lados”, dice a manera de reflexión.

Humberto cree que ‘el salvadoreño es muy miedoso para salir a hacer esto” y, en su experiencia personal, “el mundo ahí afuera es mucho más seguro de lo que uno se imagina, incluso en países complicados, la gente en general es buena”.

“La fe en la humanidad se restaura mucho la verdad y somos más similares de lo que uno se imagina por ejemplo, África con Latinoamérica, para mí son dos continentes muy similares que simplemente no se conocen y uno de los otros escuchan cosas feas pero no se conocen. Cuando uno viaja no se da cuenta que la gente nada más está viviendo su vida y es buena y todo y tiene sus necesidades igual que acá”, explica.

Recuerda con cariño al mundo árabe y descubre a su gente como “muy amable”. Evoca el cariño de la gente en Pakistán que no les dejó pagar por su comida o transporte cuando se quedaron varados en un viaje en autobús.

Pero también ha percibido la hostilidad de la gente en Sudán del Sur, cuando un compañero de viaje empezó a tomar fotos: “La gente no quería que vieran como un circo su pobreza”, afirma.

No todo ha sido color de rosa. Se ha enfermado varias veces de males extraños como H1N1, se contagió de varicela en Irán y estuvo hospitalizado en Etiopía –en África– por la comida.

En Alepo, Siria, un país destruido por la guerra. / Cortesía
En Alepo, Siria, un país destruido por la guerra. / Cortesía

Afganistán.

Para Humberto, Afganistán “fue un shock” por la situación de las mujeres pobres. El salvadoreño llegó a ese país por tierra desde Pakistán.

“Cuando están viudas, las mujeres no pueden tener trabajo porque no se les permite, entonces, su única opción es pedir en las calles, y uno las ve calles con su rejilla, con su burka, pero ellas usan el típico color celeste, bien afgano, y con sus hijos, a veces, en una pobreza terrible, da mucho pesar”, relata.

“Ese tipo de pobreza creada por sus creencias religiosas tan extremas, siento yo, fue para mí bien chocante, uno viene de El Salvador y conoce la pobreza pero, a veces, esas cosas son como 20 veces más dolorosas por esos lugares”, explica.

La riqueza.

En contraste, Humberto se sintió “extremadamente pobre” en países europeos como Luxemburgo, Liechtenstein o Mónaco.

“Son países muy chiquitos y todo, pero la gente vive una realidad, que todo es hermoso, uno entra ahí y dice por Dios, sí que soy pobre. Otra cosa es Mónaco, todos ostentos. Estos países son la gente que vive normal, digamos en su casa, pero su casa parece un castillito, es una cosa preciosa, los buses son gratis, el metro es gratis, pero una cerveza, o sea, cuesta 20 dólares por ejemplo”.

Las mujeres afganas con  burkas en Afganistán. / Cortesía
Las mujeres afganas con burkas en Afganistán. / Cortesía

Lo más caro y más barato.

Según Velásquez, los países más caros donde ha estado son Japón y los países nórdicos: Noruega e Islandia.

“Lo más barato, yo creo que el sureste asiático, Tailandia, Vietnam, Camboya, todos esos lugares”, afirma.

Para Humberto, en términos de precios, El Salvador está bastante en el medio.

“El Salvador no es barato, pero a muchos países, lo caro es llegar porque uno se duerme en un lugar decente por cinco dólares, y luego come por uno, y es una maravilla, la verdad, el turismo es muy barato”, comenta.

Sopa de arañas fritas en Camboya. / Cortesía
Sopa de arañas fritas en Camboya. / Cortesía

El porvenir.

Viajar por 101 países no ha sido suficiente para Humberto Velásquez y planea seguir viajando.

“Quisiera seguir viajando en África, el continente me apasiona mucho, quisiera terminarlo y también terminar en Europa. Quisiera ir a Oceanía, idealmente quisiera completar todos los países del mundo, falta tiempo, hay que hacer dinero, hay que tener flexibilidad de horario, un montón de cosas”, dice Humberto, quien se siente “como un representante de El Salvador” cuando viaja y “bastante orgulloso de eso”.

“Me siento muy agradecido con la vida que, por ahora, lo he podido hacer porque de una realidad que no muchos salvadoreños tienen, eso sí me hace sentir muy privilegiado”, afirma.

El dato

Si quiere conocer más datos y ver más fotos de los viajes del salvadoreño Eduardo Humberto Velásquez, puede seguirlo en Instagram: @humbertoyya