“Soy algo gringo, un poco gringo”, anticipa Fernando Orellana con voz firme, pero con un marcado acento estadounidense, mientras camina bajo el sol asesino que cae en la Colonia Zacamil por las tardes. No es para menos. Nació en El Salvador, pero vivió casi toda su vida en los Estados Unidos.

Ahora está aquí, frente al edificio 108, donde acaba de terminar un bellísimo mural que se suma a la iniciativa de recuperar y embellecer la Zacamil. Volvió a su país expresamente para eso. “Me fui del país a los cinco años, cuando mi mamá y mi papá decidieron emigrar. Vivimos en Miami mucho tiempo y después pasé en Chicago, Nueva York y de plano por todo Estados Unidos aprendiendo arte”, comenta.

A medida que se suelta a hablar, las palabras en español le fluyen con bastante naturalidad, aunque él aclara: “hablo como casi un niño, pero así me las arreglo”. Su reciente visita a El Salvador tiene un propósito claro. “La Fundación Custom Made Stories (CMS Foundation) me invitó a pintar este mural para traer el arte y la belleza a la zona de Zacamil. Empezamos con un mural que se llama Afuera y después seguimos con otro, en el otro lado del edificio, que se llama Adentro. Yo soy uno de los tantos artistas que van a llegar aquí a pintar los varios edificios de la Zacamil”, explica Fernando, que también es profesor de arte digital.

Orellana estaba en Italia haciendo una residencia de arte en un taller que se llama Gate 44. Allí conoció al director, un italiano llamado Glenn. “Él, cuando se enteró de que era salvadoreño, me invitó. Le encantó mi historia y me dijo. ‘yo tengo un proyecto para ti, venite a la Zacamil y pintamos’. Así empezó el cuento”, recuerda.

El mural, que abarca todo el frente del edificio 108, está inspirado en los recuerdos que Fernando tenía del país. “A esta parte la llamo afuera, entonces ahí hay unas pupusas y los pollos y el surf... Hay un pescado que está abstracto, el café, todas las cosas que eran mis memorias del país”, afirma.

"Para mí es como un museo al aire libre que están tratando de hacer, para hacerle ver a todo el mundo la belleza que es este lugar”
FERNANDO ORELLANA
Artista


Cuenta que el proyecto en el que participa junto con otros artistas tiene como objetivo levantar la imagen de la Zacamil. “Esa es la idea de la fundación, para mí es como un museo al aire libre que están tratando de hacer, para hacerle ver a todo el mundo la belleza que es este lugar”.



Así quedó el mural del edificio 108 de la Zacamil. / Francisco Valle
Así quedó el mural del edificio 108 de la Zacamil. / Francisco Valle


Si bien Fernando ha diseñado y pintado muchos murales en Nueva York, aquí solo se encargó del diseño. De la pintura se hizo cargo un grupo artistas salvadoreños llamado Full Painting 360. “Son expertos, artistas increíbles. Ellos de plano lo pintaron y por eso lo firmamos juntos. Son arrechos, valientes, basta verlos allá arriba en las alturas con los andamios”, dice Orellana.

El renacimiento
De repente, un grupo de documentalistas con equipo de última generación irrumpe en el lugar. Son dos italianos y un argentino que llegaron especialmente desde Italia para filmar todo el proceso “del renacimiento de la Zacamil”, como ellos mismos lo describen. “Estamos grabando un documental sobre el proyecto que estamos haciendo y un poco lo que piensa la gente sobre nuestra intervención en este lugar”, dice uno de los italianos.

Otro protagonista es Boris Ayala, artista salvadoreño a quien todos conocen como Endo. Él es parte del colectivo Full Painting 360, un grupo de alrededor de 12 artistas de diferentes ramas. Ellos se encargaron de llevar el diseño de Fernando al muro, plasmarlo y pintarlo. “Con el fin de poder ayudar al artista invitado hacemos la colaboración con la parte de ejecución, ayudándonos mutuamente el intercambio de las ramas artísticas”, afirma Endo, que trabaja con iPads y drones para que todo quede a la perfección.

Full Painting 360 ya lleva pintados nueve murales en nueve edificios diferentes, y se vienen otros tres más, asegura Endo: “Nosotros, como locales, nos sentimos agradecidos de la Fundación CMS porque nos ha dado la oportunidad de trabajar como colectivo a la par de grandes artistas y aplicando también nuestro arte”.

Fernando Orellana asiente con la cabeza las palabras de Endo. Camina por la Zacamil y recuerda las historias que le contaba su mamá sobre esa colonia, cuando todo era más gris y también algo más peligroso. Hoy, el color que le imprimieron los artistas se nota cada vez más. Es el Renacimiento que se asoma.

Otro de los murales de la Zacamil. / Francisco Valle
Otro de los murales de la Zacamil. / Francisco Valle