La ciudad de La Guaira vivió este viernes una jornada marcada por el colapso vehicular y la intensa movilización de equipos de emergencia, voluntarios y ayuda humanitaria, mientras continúan las labores de búsqueda de sobrevivientes tras los dos terremotos que afectaron a Venezuela el pasado miércoles.

Desde tempranas horas comenzaron a llegar cientos de vehículos particulares y motocicletas procedentes de distintos estados del país, principalmente de Caracas, cargados con alimentos, herramientas y otros insumos destinados a las familias afectadas por la tragedia. Al mismo tiempo arribaron brigadas de rescate internacionales y maquinaria pesada para apoyar las operaciones.

El intenso movimiento provocó congestión en las principales vías de acceso a la ciudad. Las sirenas de ambulancias, el ruido de motores, bocinas y las instrucciones de los equipos de rescate dominaron el ambiente mientras continuaban las tareas de búsqueda entre los edificios colapsados.

En distintos momentos, la circulación fue suspendida para permitir que los rescatistas guardaran silencio e intentaran detectar señales de vida bajo los escombros, más de 48 horas después de los sismos. Ante esa situación, el ministro del Interior, Diosdado Cabello, anunció restricciones al ingreso hacia el estado de La Guaira, cuya militarización había sido ordenada previamente por la presidenta encargada, Delcy Rodríguez.

Entre los equipos internacionales desplegados en la zona se encontraba un grupo de rescatistas del Ejército mexicano, que inició inspecciones en varias estructuras derrumbadas con el apoyo de perros especializados en búsqueda.

«Silencio total», pidió uno de los rescatistas antes de dirigirse hacia los escombros. Segundos después lanzó un llamado: «Somos rescatistas del Ejército mexicano; si hay alguien ahí, pegue un grito ahora». Tras escuchar durante varios minutos, el equipo no obtuvo respuesta y continuó el rastreo con tres pastores alemanes entrenados para localizar sobrevivientes.

En uno de los edificios afectados, Bárbara Palacios, quien perdió a su esposo durante el colapso de la estructura, lamentó la demora en la llegada de maquinaria pesada para remover los escombros. «La mejor ayuda que nos ha llegado hasta ahora es esta, la maquinaria», afirmó al considerar que esos equipos debieron estar disponibles desde el día siguiente a los terremotos.

Al caer la noche, otro operativo se desarrollaba en la comunidad de Los Corales, donde rescatistas y voluntarios trabajaban para localizar a varios niños atrapados entre los restos de un edificio.

«¡Necesitamos un carro que alumbre!», gritaban decenas de personas mientras solicitaban también la presencia de un médico para atender a los menores en caso de ser rescatados con vida. Sin embargo, el avance de las labores, realizadas con palas, esmeriles y otras herramientas, alimentaba la incertidumbre entre familiares y vecinos. Según el balance oficial más reciente, los terremotos dejan al menos 920 personas fallecidas y 3,360 heridas.