Realmente impactado y sorprendido me encontraba al escuchar aquellos sonidos vocales, con un fuerte tono nasal y arrastrado, en un español casi ininteligible, más rítmico que melódico. Observaba y escuchaba a Bad Bunny durante el entretiempo del juego más importante del fútbol americano del año. Nunca supe si entendí el espectáculo. Tampoco supe si me gustó o lo odié.

Debo aclarar que ese tipo de música nunca ha sido de mi agrado. Siempre la he considerado vulgar, con letras explícitas y sugestivas, además de repetitiva y, francamente, monótona. Sin embargo, para las grandes masas actuales —concebida como una creación destinada al baile intenso y cercano— resulta irresistible, especialmente en el ambiente festivo que suele acompañarse de alcohol y otras desinhibiciones.

Tradicionalmente, el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl (como se le conoce en Estados Unidos) en la cultura estadounidense no es solo un concierto extra durante la final del futbol americano, sino que se ha convertido en un momento cultural con enorme impacto social, mediático y simbólico. Es considerado uno de los eventos televisivos más vistos del año en Estados Unidos y en el mundo, y por eso su significado va más allá del entretenimiento.

¿Quién decide quien estará a cargo del espectáculo de medio tiempo?

En teoría la ciudad sede puede opinar, pero en la práctica la elección se concentra en la NFL y Roc Nation, que buscan al “artista cultural del año” capaz de garantizar impacto global y coherencia con la imagen de la liga. La NFL eligió a Bad Bunny porque hoy es una de las figuras más grandes y rentables de la música global, con enorme alcance entre audiencias jóvenes y latinas, y porque ofrece a la liga una imagen de diversidad cultural y expansión internacional. Es el primer hombre latino en encabezar el espectáculo del medio tiempo, lo que permite a la NFL posicionarse como una liga que abraza la diversidad y busca conectar con el público hispano en Estados Unidos y a nivel internacional. Su espectáculo superó los 128 millones de espectadores, colocándose entre los espectáculos de medio tiempo más vistos, lo cual valida la apuesta de la NFL en términos de rating, conversación mediática y valor publicitario.

¿Qué impacto tuvo el espectáculo?

En lo que a mí respecta en particular, una vez superado el asombro por la ininteligibilidad del español que exhibía el cantante —que para mí sonaba como otro idioma por completo— y por el masivo número de mujeres violentando sus glúteos operados e inflados a diestra y siniestra, el espectáculo me pareció querer transmitir un mensaje políticamente cargado. Este se concentraba sobre todo en el contexto puertorriqueño y caribeño, aunque progresivamente incluyente de la cultura latina continental. Me gustó que el mensaje central —“Latin American culture is American culture”— posicionara el show no como un mero “invitado” latino, sino como una mirada latina dirigida al público global. Al revisar el consenso general entre expertos, este destaca que Bad Bunny entregó un espectáculo de altísimo nivel técnico, profundamente latino y políticamente cargado, que redefine quién puede ocupar el centro del ritual patriótico del Super Bowl. Siempre hubo disgregadores, como comentaristas conservadores, que lo calificaron de “divisivo” y demasiado político, criticando que fuese casi íntegramente en español —aunque para algunos, como yo, fuese un idioma totalmente diferente— y que incluyera banderas latinoamericanas. Entretenimiento con un alto sabor político, que al final obtiene su objetivo, tanto para la NFL como para el Conejo Malo vestido de Zara.

Lady Gaga y Ricky Martin no me hicieron cosquillas; no le agregaron —aunque tampoco le restaron— demasiado al espectáculo. Es más, creo que la tonalidad de la canción que interpretó Martin superaba sus propios decibeles, y el garganteo se le quedaba corto.

Al final, mi equipo, los Seahawks, se llevó el trofeo Vince Lombardi tras vencer a los New England Patriots 29-13 en el Super Bowl LX, aunque fue un partido que encontré ligeramente aburrido. Nos quedamos con la expectativa para el próximo año; ojalá los Saints estén en la final y que el Conejo Malo no repita.