Las enfermedades transmitidas por el consumo de alimentos provocan más de un millón de fallecimientos anuales a nivel global debido a la presencia de bacterias, virus, parásitos o sustancias químicas, según advirtió la profesora e investigadora del CEBAS-CSIC (Centro de Edafología y Biología Aplicada del Segura), Ana Allende Prieto, durante su intervención en los cursos de verano de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP).

A pesar de las cifras, la especialista subrayó que la seguridad alimentaria atraviesa una «transformación crítica» gracias a los avances tecnológicos. Herramientas como la secuenciación del genoma permiten actualmente identificar patógenos con alta precisión —como cepas específicas de Listeria—, mientras que la integración de la inteligencia artificial facilita la supervisión de procesos y comportamientos en las plantas de procesamiento.

Durante la ponencia, Allende hizo hincapié en aspectos fundamentales para la evaluación de la salud pública:

  • Peligro frente a riesgo: explicó que el ‘peligro’ es el agente que puede causar daño, mientras que el ‘riesgo’ es la probabilidad de que ese daño ocurra, siendo este último el foco principal de la investigación científica.

  • Inexistencia del «riesgo cero»: aclaró que, aun aplicando de forma estricta todos los protocolos de inocuidad, siempre existe una pequeña probabilidad de contraer una enfermedad por vía alimentaria.

  • Enfoque ‘One Health’ (Una sola salud): instó a entender la salud humana, animal y ambiental como un sistema interconectado, concibiendo la seguridad alimentaria como una negociación de riesgos donde la salud pública debe conciliarse con la viabilidad económica y los límites ecológicos.

Las declaraciones se dieron en el marco del encuentro ‘Ciencia e innovación para una alimentación saludable y sostenible en la crisis del costo de la vida’, espacio orientado a analizar cómo la investigación científica y la digitalización informan la toma de decisiones estratégicas y las políticas públicas del sector.