Mientras en ARENA sigan prevaleciendo el excesivo protagonismo personal, las disputas internas, las serruchaderas de piso y las puñaladas por la espalda, será muy complicado que el partido tricolor pueda sincronizarse en una estrategia que lo lleve a ganar las elecciones presidenciales del 2019.
ARENA parece una caja de silbadores que se dispara accidentalmente hacia todas direcciones, sin liderazgo claro y sin propuestas coherentes. A menudo sus miembros se desgastan en temas absurdos y alargan discusiones como la de los $152 millones en bonos de seguridad, hasta el punto de la necedad.
Sus diputados no pueden seguir creyendo que su actitud personalista para sacar más votos por rostro y deben pensar en un programa colectivo que genere esperanza al país.
La alternabilidad en el poder es necesaria, por supuesto, y el país necesita cambios de timón después de siete años de gobiernos de izquierda; pero el partido ARENA no muestra un rumbo claro y tampoco que entusiasme a la población, y eso es el campanazo de alerta que debería hacerlo reflexionar.